el atleta Xabier Zarranz Osinaga

El nuevo reto de Zarranz

El atleta se propone realizar cinco subidas en doce horas hasta la cima de Arangoiti, de 1.356 metros

Amigos y corredores le acompañarán en el desafío personal y le ayudarán en el avituallamiento

M. Zozaya Elduayen - Viernes, 3 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Un sonriente Xabi Zarranz señala Arangoiti con Lumbier a sus pies, el monte que se ha propuesto subir cinco veces seguidas en dos horas y 20 minutos cada una.

Un sonriente Xabi Zarranz señala Arangoiti con Lumbier a sus pies, el monte que se ha propuesto subir cinco veces seguidas en dos horas y 20 minutos cada una. (CEDIDA)

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Un sonriente Xabi Zarranz señala Arangoiti con Lumbier a sus pies, el monte que se ha propuesto subir cinco veces seguidas en dos horas y 20 minutos cada una.

“Lo hacemos por afición y por gusto, pero hay que saber dónde te metes”

LUMBIER.- A las doce de esta noche y hasta las doce horas del mediodía de mañana, el atleta Xabier Zarranz Osinaga, de 37 años, intentará subir el monte Arangoiti (1.356 metros) desde Lumbier, aventura que ya pretendió realizar en marzo del pasado año y que no llegó a culminar a consecuencia del mal tiempo.

Pero de algún modo, la espinita quedó ahí clavada y maduró la idea de volver a intentarlo, esta vez en verano. Hazaña, locura, pedrada... Zarranz no sabe muy bien cómo calificarlo ni por qué lo hace. Para él correr es una forma de vida y de liberar la mente, y sobre todo ve este reto como una preparación de calidad para otras pruebas competitivas.

“Ya sé que no se entiende muy bien , pero para mí es sobre todo un entrenamiento, por eso elegí esta fecha, a un mes del próximo Campeonato de España Ultra en Panticosa. Porque aunque no sea una carrera, lo haré a un buen ritmo, me pondré -como en una carrera de montaña- a prueba en todos los aspectos”, argumenta. Asegura el corredor que las sensaciones que pude alcanzar son indescriptibles , pero que tienen mucha relación con el control mental de vivir una prueba al límite, y ser capaz de dominar y controlar cuerpo y mente para lograr un objetivo.

A escasos días de su anunciado Erronka, Zarranz se muestra animado y tranquilo. La carga de un mes de importantes pérdidas personales no le echa para atrás, sino todo lo contrario: le animan a lanzarse al monte como una necesidad vital. Su reto tendrá, además, un aire de fiesta en el que estará rodeado de familiares, amigos e incondicionales deportistas que le acompañarán, bien como entrenamiento, bien para ayudarle en el avituallamiento.

Comenzará a correr junto a Bittor Balda y Víctor Amatriain, corredores y amigos, a las doce de la noche, cuando saldrán del paraje de Sielba para intentar acabar antes de las 12.00 horas del mediodía del sábado con unos tiempos estimados de dos horas y veinte minutos en cada subida y bajada consecutiva, que cubrirán los cerca de 100 kilómetros.

ola de calorTres de las cinco subidas serán de noche. La idea inicial era hacerlo por la tarde, desde las 16.00 horas hasta las 4.00 de la madrugada, pero la ola de calor y las elevadas temperaturas anunciadas de 38 y 39º le han obligado a modificar la prueba. “Nos gusta sufrir un poco, pero tampoco es cuestión de forzar más de lo debido -bromea-. Cuando lo intenté en marzo nos sorprendió la nieve y tuvimos que soportar frío, agua y temperaturas de 3º bajo cero. Teníamos que cambiarnos en cada vuelta. Eso no merecía la pena, así que me quedé en cuatro ascensiones y retirada. Hay que tener sentido común y frenar en el momento. Lo hacemos por afición y por gusto, pero hay que saber dónde te metes”, expresa convencido.

Los tiempos de este intento, admite, son una estimación, pero confía en que no andarán muy lejos. Porque el reto no es solo hacerlo, si no hacerlo en doce horas. “Será un ritmo fuerte, pero no de carrera. No tendremos que detenernos tanto. La idea es esta vez no cambiarnos de ropa, correr con la misma con nuestras mochilas ligeras con agua, fruta y barritas energéticas. Cuando completemos la tercera subida, haremos una parada un poco más larga para comer un plato caliente de pasta, algo más sólido que me ayudará a soportar las dos últimas subidas, más duras por el cansancio acumulado y por la temperatura”.

Lo de correr por la noche, afirma, no es ningún obstáculo para él. Las potentes linternas de su equipo darán luz en su camino. Sin embargo, reconoce que se corre de otra manera. “Es la sensación de ir en un túnel y te ayuda a estar más concentrado en la carrera. Iremos en fila de a uno”, añade. Deja claro que correr en la oscuridad no le limita y menos aún en Arangoiti.

“Es mi lugar de entrenamiento diario, lo conozco al dedillo”, asegura, al tiempo que recuerda que fue una de las cosas que le atrajo de cuando eligió Lumbier para vivir en el año 2006. “Desde entonces me rondaba la idea de subir a Arangoiti, y lo hago más de veinte veces al año. Conozco cada rama y cada árbol, lo tengo muy medido”, confiesa.

Rodearse de la naturaleza era fundamental para un deportista como él, que sale a correr a diario atraído por la montaña. Compartió la opción de vivir cerca del Pirineo con su compañera Itziar. Después llegaron sus hijos Arats y Maialen, de siete y cinco años, que casi siempre le acompañan en sus aventuras. “Mi participación en carreras o eventos es una forma de aprovechar la ocasión en familia y siempre que se puede, planificamos el fin de semana de montaña”, admite.

PALMARÉSLarga es la lista de los premios de Xabi Zarranz desde que cambió la bicicleta por las carreras de montaña, a cuya filosofía quedó enganchado. El más reciente, el de Campeón navarro carrera de montaña Trikutrail Etxarri Aranatz, pero ha sido tres veces campeón foral en esta modalidad y dos subcampeón. Ganador también de la maratón Higa de Monreal, Apuko Xtrem de Zaramillo, maratón de Benasque, ha obtenido además buenas marcas en el famoso de Zegama-Aizkorri.

Pero lo del reto es otra cosa. Agradecido sobre todo a A4’XKM (club que le patrocina hace 3 años), a Iturbero Korrikalari Taldea (club local que preside) y a Argal, espera dejar atrás mañana la montaña y la sierra para celebrar esta emotiva prueba, con especial significado para él rodeado de los suyos bañado en las aguas del río Salazar.