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Mucho más que 25 años

Por Aitor Jordana - Sábado, 4 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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En la banda tuve la oportunidad de crecer no solo en edad. Descubrí la solidaridad, el esfuerzo, el sacrificio, la diversión

Tenía yo 15 años cuando Josetxo Sánchez apareció en el salón de actos de la escuela de música Julián Romano, entonces ubicada en el edificio de la estación de autobuses. Estaba en clase de conjunto coral y la pregunta fue directa: “¿Te gustaría formar parte de una banda de música?”. Yo, la verdad, no tenía mucha idea de lo que eso suponía. Había salido a tocar villancicos en Navidad y supuse que no perdía nada por decir que sí. Me citaron un día de otoño en el salón de plenos del ayuntamiento de Estella-Lizarra a mí y otra treintena de personas y nos repartieron la partitura Estella, de Marino Apesteguía. Incluso en aquellos primeros ensayos, yo todavía no era consciente de dónde me había metido ni los verdaderos motivos por los que estaba allí. Tiempo después me enteré, como bien se ha recordado recientemente, que Sánchez, después de saber de la voluntad política de contar con una banda de música, hizo los cálculos necesarios y se lanzó en un triple mortal a un proyecto que se ha ido consolidando con los años. En 1993 yo era uno de los muchos niños mayores que hoy en día forman parte de la banda de música. Y me ilusiona saber el camino que les espera. Descubrí la solidaridad, el esfuerzo, el sacrificio, la diversión. Durante los 15 años que formé parte de la banda tuve la oportunidad de crecer, no sólo en edad. Crecer en el más amplio sentido de la palabra, musical y personalmente. Por eso, me emocioné al enterarme a más de 1.000 kilómetros de distancia que el alcalde había delegado en la banda de música el privilegio de lanzar el cohete este año. No se trata únicamente de llenar de música las calles de la ciudad en fechas señaladas. A veces, incluso me planteo si la propia banda es consciente del bien que ha hecho a los estellicas y sobre todo a aquellos que hemos formado parte de ella. Hace siete años, me presenté en los locales de ensayo de la Dublin Concert Band, en la capital irlandesa, para una prueba. Estaba nervioso. Otro país, otra cultura, otro tipo de organización, de partituras... Pero aquel solista que se sentó a mi lado me preguntó: “¿Tienes experiencia en una banda de música?”. Y volví a aquel salón de actos y años de emociones, sueños (y sueño), ilusión... Y le contesté: “Sí”. Llevo siete años en la formación, pero sé a ciencia cierta que esto no hubiera sido posible sin la banda de Estella-Lizarra. Esta pequeña gran banda que este año cumple 25 años y que por el bien de muchos espero que cumpla muchos más.