la carta del día

Joven y renovador

Por Gorka Mostajo Galduroz - Sábado, 4 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Los que me conocen me habrán oído contar cómo me hierve la sangre cada vez que oigo eso de que un político “es joven”, cuando a mí me parece justamente lo contrario. Pueden contarse por centenas los y las candidatas bien entradas ya en la treintena o los que ya están en la cuarentena (no digo ya si han rebasado el medio siglo), de quienes se dice ser jóvenes para posteriormente ocupar diputaciones, escaños, alcaldías o presidencias.

Sorprendido, yo siempre les digo que, simplemente, están “en la edad”. Dentro de lanormalidad, vaya. Es curioso pero, a primera vista, siempre se asocia juventud a virtud, y es por ello que todo el mundo quiere ser joven. Todo el mundo quiere tener toda la vida por delante, tener pocas arrugas… todo fachada. Sin embargo, nadie quiere no ser escuchado, nadie quiere cobrar lo que nosotros y nosotras cobramos, y nadie quiere vivir en casa de nuestros padres y madres como vivimos.

Es por ello que siempre me opongo a que se estire el chicle de la supuesta juventud, porque los y las jóvenes tenemos una serie de problemáticas asociadas a nuestra edad que los y las jóvenes de foto no tienen. Además, el hecho de que ciertas personas en plena madurez, con cierta edad y con una vida cómoda sigan proclamándose como jóvenes simplemente por un tema estético, no vale más que para desplazarnos del mapa de la participación pública a los que realmente lo somos y, de paso, ocultar la realidad que vivimos. Para poner en duda el, en mi opinión, un mal uso de la palabra joven, voy a utilizar como ejemplo al flamante e inflamable, por incendiario, nuevo presidente del Partido Popular. A los que intenten vendernos a Pablo Casado como un hombre que mea colonia, y como el tema del olfato es un tema de sentidos, es decir, subjetivo, les diría que a mí Pablo Casado me huele a esa mezcla decadente de humo, alcohol y sudor visceral concentrado en una tasca pequeña durante la retransmisión de un Real Madrid-Getafe y la posterior tertulia de rigor de la caverna mediática deportiva española, al más puro unga-unga.

De alguna manera diría que revive esa fragancia ranciamente orgullosa que lleva sociológicamente latente en España desde el 18 de julio de 1936. A propósito, hablando de temas subjetivos, dicen que esguapete.... para gustos los colores, oigan.

A los que venden a Casado como preparado, les diría que apremien a la Universidad Juan Carlos I (el nombre de la universidad, por cierto, todo un homenaje a la meritocracia, al esfuerzo y a la honradez) a que patenten el método de enseñanza que utilizan para no hacernos perder el tiempo a los demás.

A los que me venden a Pablo Casado como joven… diría que es joven para morirse. Insisto, 37 años. Suponiendo que un joven (como él lo fue) empieza a estudiar una carrera a los 18 años, que la termina en 4 años, y que dedica 2 años al estudio de un máster, podría ingresar al mercado laboral con 24 años. Si con 13 años de carrera sigue siendo joven, cuando presuntamente le quedan 28 años para jubilarse, diría que lo de joven cae por su propio peso. También decía que juventud suele relacionarse con renovación. ¿Dónde está la renovación? Cuando se habla de cerrar heridas del pasado, de hacer frente a la lacra machista… se apela a que seremos los y las jóvenes los que renueven la sociedad a mejor. Pues precisamente este hombre, que no es joven por edad, tampoco lo es por renovador, ya que se ha dedicado a lo largo de su dilatada carrera política a echar sal en las heridas, a escupir soflamas imperialistas, a despreciar a la lucha feminista, a alimentar el discurso xenófobo, a ningunear otras culturas y lenguas… vamos, una joyita.

Desde la guerra del abuelo a la ideología de género, pasando por: “el euskera no es el idioma de navarra”, “el aborto no es un derecho. No puede ser barra libre y un coladero como con esta ley” o “no hay papeles para todos”. Por último, me reafirmo en que Casado no es joven atendiendo la definición del términojuventuden el diccionario de la RAE. En una de sus acepciones dice que es el “período de la vida humana que precede inmediatamente a la madurez”. ¿Y la madurez? “Período de la vida en que se ha alcanzado la plenitud vital y aún no se ha llegado a la vejez” según la misma institución. Pues miren que me encaja.

En fin, era una de mis intenciones poner en duda lo que es hoy en día la juventud. Pero como la otra de mis intenciones era alabar, a mi manera, las virtudes de Pablo Casado, añadiré que creo sinceramente que el nuevo presidente del PP es un viejo conocido de la política, inmaduro, con una preparación fraudulenta, que no es joven, que es un hombre machista, xenófobo, ultranacionalista español, filofranquista y que vive acomodado desde hace varios años. Además, su dilatado recorrido en política no ha solventado su desconocimiento de la realidad cultural ni social de su país. Aún así, prefiero decir que es un fascista al que solo le falta el apellido Franco para ser amigo del primo de Rivera (Albert, próximamente Alberto). Qué lástima que a medios como ABC, El Mundo, La Razón o el propio El País les sea tan complicado ser explícitos al referirse a él. Haciendo referencia al título: ni joven, ni renovador. Facha.

El autor es trabajador social