El ciclista que tenía prisa

Por Tomás de la Ossa - Domingo, 5 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

No sabemos si un director puede retirar de la carrera en plena etapa a un ciclista de su equipo, pero decía Echávarri que eso estuvo a punto de hacer -por el método expeditivo de cruzarle el coche delante- con Armand de las Cuevas en aquella etapa del Giro’93 en la que el francés no tuvo mejor idea que atacar camino de Asiago junto a Chiappucci, uno de los rivales directos de Induráin... Y es que, como dice el viejo refrán, mejor mil enemigos fuera de la tienda que uno dentro. Ciclista atípico el galo: todo facultades -gran contrarrelojista y buen escalador-, pero siempre rebelde por sus prisas por triunfar y, por ello, incapaz de ser leal a sus jefes de fila, que es la escuela de todo campeón -Induráin, sin ir más lejos, fue el gran gregario de Perico hasta 1990, y así aprendió el oficio de líder-. Mala cosa creerse minusvalorado, y cabrearse por ello, por no querer entender y admitir que con el Induráin de 1993 no había quien se pudiera comparar.