OPORTUNIDADES LABORALES

De Barañáin al mundo

Gorka Vallejo, afincado en Madrid, es una de las caras visibles del programa de ‘ETB’ ‘Vascos por el mundo’
Asegura que esta nueva oportunidad es “un regalo, tanto a nivel personal como profesional”

Virginia Urieta - Domingo, 5 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Gorka Vallejo, en la redacción desde donde se fragua el programa, que se estrenó el pasado mes de junio.

Gorka Vallejo, en la redacción desde donde se fragua el programa, que se estrenó el pasado mes de junio.

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Gorka Vallejo, en la redacción desde donde se fragua el programa, que se estrenó el pasado mes de junio.

“Los navarros tenemos ese carácter, querer salir y conocer, conquistar”

pamplona- Hace dos años, el porcentaje de profesionales en el Estado que se mostraba contento con su puesto de trabajo alcanzaba la cifra más elevada desde 2014, tras acumular seis trimestres consecutivos de ascenso, con un 80% de satisfacción. Y resulta que los navarros encabezaban la lista, aunque es algo que probablemente para muchos suene -como mínimo- a cuento. Porque pocas veces uno puede decir que su trabajo es un placer, pero el vecino de Barañáin afincado en Madrid Gorka Vallejo, a sus 32 años, lo admite con total seguridad. Con una enorme sonrisa y un positivismo rebosante que da fe de que lo que dice no es mentira. Igual puede asegurarlo porque el suyo consiste en viajar, y ha visitado y visitará de la mano de ETB algunos de los rincones más demandados del planeta.

Lleva desde el pasado mes de junio, junto a otros presentadores y un equipo que es ya “como una pequeña familia”, sumergido en el programa Vascos por el mundo que el canal autonómico acaba de estrenar y que les ha llevado ya a visitar rincones idílicos como Bali, Roma o Río de Janeiro. “Y los que quedan”, confiesa, sin soltar prenda. “Para mí, tanto a nivel profesional como personal, este trabajo es un regalo. La gente te abre las puertas de su casa y de su propia vida, en otra ciudad, en un escenario precioso y privilegiado. Y hablar de ello sentado en el banco de una plaza con el Coliseo de fondo, no tiene precio. No me lo tuve ni que pensar”, asume.

No ha sido a costa de poco, aunque siempre ha tenido claro que le gustaba la tele. “Desde que era pequeño sabía que quería estar ahí. Me gustaba, siempre he querido hacer Comunicación Audiovisual”, cuenta. En segundo de carrera, en la Universidad de Navarra, su primer contacto fue con Canal 4 Navarra. En tercero, además, lo compaginó con otro trabajo en El Corte Inglés y uno más en Senda Viva. “Cuando tienes 21 o 22 años te cuadra, más que por el dinero porque disfrutaba con ello”. Se mudó después a Madrid para probar con la radio, en Onda Cero, y después en Localia, Canal Cuatro, ETB, Aragón TV, Telemadrid, TVE y hasta Telecinco. Después le propusieron eso de andar por el mundo, y no ha parado. “En mi vida sólo he cobrado tres semanas de paro, y que siga así”, bromea.

También es cierto que ha sido “a cambio de desmontar vidas”, con poco tiempo para las mudanzas y siempre de un lado para otro, lo mismo que le toca ahora, aunque es una meta que afronta con mucha ilusión. “Soy muy de moverme por sensaciones y cuando un proyecto me llama y me gusta, me lanzo. Además me están pagando por algo que haría yo de normal: antes, cuando terminaba de trabajar, me preparaba los viajes. Ahora son mi trabajo, y la única diferencia es que voy con un compañero y una cámara, pero seguro que iría a los mismos sitios”, explica.

Asegura que no supone, para nada, un sacrificio, aunque siempre hay que renunciar a algo. “Estás en lugares preciosos pero tienes que pensar en el reportaje, en el orden de los planos… Cuentas una historia y tiene que funcionar, el espectador tiene que entenderla. Obviamente tienes la cabeza puesta en el trabajo y tampoco lo miras todo, no tienes tiempo para sentarte y observar”, señala, aunque sí recuerda esos lugares.

“En algunos es complicado entrar por temas administrativos, está el cambio horario, el dormir cinco horas... Pero el buen rollo y la energía que hay aquí, los rincones tan espectaculares, hacen que se te pase todo. Vuelves cansado pero contento”, confiesa.

Y es que él es un navarro más por el mundo. “Se está muy bien en casa pero tenemos ese empuje, ese querer salir, conocer, conquistar. Piensas que lo que tienes está muy bien, pero quieres ver qué hay fuera. Los navarros somos muy curiosos y se nota”. En otras zonas, apunta, no tienen ese carácter “tan nuestro. En el momento en que te vas al extranjero enseguida localizas al vasco, porque tendemos a comparar: Esto es como lo de mi barrio, lo de aquí también lo tengo en mi pueblo… Y lo nuestro, sin duda, siempre es lo mejor”, bromea.

lugares “de verdad” Pero a veces no es tarea fácil localizar a los protagonistas, aunque las redes sociales siempre ayudan, “porque al final todo el mundo cuenta su vida en ellas. El problema es el carácter del navarro, tenemos mucha vergüenza ajena por muy bien que nos vaya la vida, el qué dirán… De primeras, piensa que por qué va a salir en televisión contando su vida, se pregunta por qué él y no otra persona. Pero también hay a quienes, después de eso, les contamos de qué va el programa, el estilo, qué es lo que se busca, y se apuntan a un bombardeo”.

A él, a nivel personal, no hay un lugar concreto al que le gustaría ir. Pero tiene claro lo que quiere encontrarse, y son los sitios “que sigan siendo de verdad. Como un poblado en África en el que nunca han visto cámaras de televisión, uno en el que se mantiene esa cultura milenaria. Me parece que es una oportunidad única de poder conocer a gente distinta”, relata.

Porque asegura que hay sitios a los que se puede ir de vacaciones, más turísticos, que tienen su encanto pero que no dejan de ser lugares en los que la gente está de turismo. “Y conocer otros, auténticos, me parece lo mejor. Es una oportunidad que también nos brinda el programa. Si no, estaría viviendo años para escapar de lo puramente turístico”, afirma.

Le costó dejar Barañáin, aunque no demasiado porque tenía un billete de ida y vuelta. Pero no tiene miedo a volar del nido, “la primera vez que me fui de casa lo hice porque quería comprobar que era capaz de sobrevivir yo solo. Muchísimos vascos se van con un billete de ida y vuelta y luego no vuelven. Hay que querer, eso sí, pero a veces la vida te va llevando”.