Etiquetas en Sanidad

Arancha Caballero Sagardía - Lunes, 6 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Cuando se acerca el final de la vida, todo sobra. Pero si algo sobra sobremanera son, sin duda, las etiquetas. Como familiar de quien ha perdido a su gran amor recientemente, quiero decir que la sinceridad se valora, agradece y acompaña a la familia, no solo durante el difícil proceso de muerte sino mucho después de que el allegado haya fallecido. Por eso, y aunque parezca una obviedad, la sinceridad de los médicos en esos momentos tan complicados debe ser escrupulosa.

No vale decir “coma”, cuando se quiere decir muerte cerebral;no se puede ser insensato y hablar de “negociar” una u otra prueba con un hijo desesperado que lo único que necesita es saber la situación real del proceso y el momento en el que estamos.

La vida entiende de negociaciones pero la muerte jamás es negociable. A veces es mejor ser franco desde el principio y ahorrar un duelo ensombrecido por lo que pudo ser y no fue...

En la práctica clínica, a menudo, es Enfermería quien se ve “envuelta” en la siempre difícil tesitura de informar a través de gestos y lenguaje no verbal, aquello que a los médicos y especialistas se les escapa. Pero Enfermería se encuentra atada de pies y brazos en cuanto a información diagnostica se refiere.

Lo que no puede ser es que la agonía de ninguna persona se vea alargada porque tal o cuál médico no fue claro desde el principio.

Las etiquetas y eufemismos donde más sobran es en Sanidad, por eso, ruego encarecidamente a todo el que practique el ejercicio de la Sanidad, que se deje de rodeos a la hora de explicar el proceso de muerte y sus diferentes fases.

Asimismo, agradecer a aquellos profesionales que no titubean a la hora de llamar a las cosas por su nombre, y aunque se arriesgan a decir lo que nadie quiere escuchar, son capaces de empatizar con la familia e informar a la vez que acompañar a los allegados cuando la muerte ya está cerca.

Porque no es ético alargar los procesos, porque es innecesario cualquier ensañamiento terapéutico, pero, sobre todo, porque una verdad a tiempo favorece mucho más un duelo que siempre es complicado.

Gracias a quien facilita y acompaña en el ejercicio de su actividad a pacientes y allegados y, a quien no es capaz de facilitar la información con dignidad y siempre desde la verdad, decirles que al final acabarán encontrando la horma de su zapato y entonces sentirán en carne propia las consecuencias de no haber sido sinceros... de no haber sido éticos... de no haber actuado, por tanto, de buena fe.