Música

El piano más lírico

Por Teobaldos - Martes, 7 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Otra gran velada pianística en el festival de Mendigorria con un programa muy bien planteado por la italiana Eloisa Cascio: dos mundos musicales completamente distintos, pero de indudable densidad ambos: la cómoda -para el oyente- y apacible densidad schubertiana;y la más abrupta, pero igualmente atractiva, de Rachmaninoff. Dos bloques muy bien expuestos y analizados por la pianista -con un aperitivo de Chopin- que ocupan las dimensiones justas -tanto temporales como de asimilación-, para que los bancos -un tanto penitenciales- de la iglesia no se hagan incómodos. Eloisa Cascio se presenta elegante, discreta, sin contorneos exagerados sobre el piano, de ahí que la fuerza que va a desplegar durante toda la velada, sea más convincente, porque se nota que sale del interior. Después de un Chopin, siempre agradable, nos adentramos en el Schubert de los Impromptus;o lo que es lo mismo, el Schubert que consigue la perfecta pieza lírica para piano. En el impromptu schubertiano -también en los momentos musicales-, no hay nada de esquemático;cada pieza, aunque sencilla en la forma, es un microcosmos musical con todos los elementos bien patentes. Los cuatro Impromptus opus 90 suenan así como una preciosa obra con movimientos diferenciados. El allegro molto moderatoviene con el tema bien definido;los graves -en la mano izquierda- resultan, al principio, un poco fuertes, pero, enseguida, corrige la pianista el desequilibrio -que viene de la acústica del templo- y salen nítidas las repeticiones del tema. El allegro es delicioso en sus escalas, todo desborda optimismo. El andante: enternecedor, en su precioso y conocido tema, de un lirismo que se escapa al canto. Y el allegretoconcluye con grandiosidad lo que empieza con el detalle del tema, desmigado, cuidadosamente, por la pulcra digitación.

Pero, como ocurrió en la anterior velada, la segunda parte -la sonata número dos en si bemol menor, de Rachmaninoff-, es la que nos queda como más encajada en la acústica del lugar. Eloisa Cascio hace un Rachmaninoff poderosísimo. Acierta con el planteamiento sereno del principio que, enseguida, en la zona grave, barrunta los momentos electrizantes que vendrán después. Todo -esos cambios bruscos- está ajustado al carácter de la música. El segundo movimiento es más sereno. El tema, muy lírico, está deliberadamente definido y marcado;muy reconocible, para el oyente, ese carácter de música fílmica, sobre la que Rachmaninoff influyó tanto. La riqueza del fraseo que aporta la pianista es de una envoltura totalmente orquestal. Nos vamos, sin querer, a los grandes conciertos para piano del autor, y no echamos de menos la orquesta. Elallegro molto da rienda suelta a todo el despliegue sonoro, en medio de una tremenda exigencia técnica, que la pianista, solventa admirablemente. Como buena italiana, Eloisa corresponde a los aplausos del público con unatarantela, esta vez de Chopin.