Editorial de diario de noticias

Casado con la sospecha

El nuevo presidente del PP se enfrenta a una hipotética condena de al menos 3,5 años de inhabilitación como beneficiario de un regalo académico. Su elección retrata el divorcio de la derecha española con la moral pública

Martes, 7 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

la titular del Juzgado de Instrucción número 51 de Madrid atribuye a Pablo Casado la comisión de sendos delitos de prevaricación administrativa y de cohecho impropio por la obtención del mismo máster fraudulento de Cristina Cifuentes en la Universidad Rey Juan Carlos. En concreto, la magistrada considera que la aprobación arbitraria de cuatro asignaturas con la presentación de trabajos y sin acudir a clase constituye un regalo académico, al margen de que se le hubieran convalidado otras dieciocho por el Instituto de Derecho Público del centro. Los cuatro meses de instrucción ya hubieran derivado en la imputación de Casado de no tratarse de un aforado sobre el que debe resolver ahora el Tribunal Supremo y resultan el lógico desenlace de todo lo actuado, con una acumulación de indicios que en efecto sugieren que el nuevo presidente del PP fue beneficiario de una dádiva por la que se enfrenta a una hipotética condena de inhabilitación para cargo público de entre 3,5 y 7 años. Y eso después de que Casado ya hubiera aprobado la mitad de Derecho en tan solo cuatro meses una vez que ejercía como parlamentario madrileño cuando tardó siete años en cursar la otra mitad de la carrera, un hecho insólito que ya alentaba las suspicacias sobre las artes para vigorizar el currículum del sucesor de Rajoy. Que acabó siéndolo pese a que los compromisarios del PP conocían igual que el resto de la ciudadanía la alta probabilidad de que Casado fuera acusado formalmente, lo que no impidió que se impusiera en la votación definitiva a Sáenz de Santamaría. Así que el congreso de la teórica renovación del PP no solo no ha servido para regenerar sus estructuras dado que fue la corrupción lo que le privó de la Moncloa, sino que entronizó a un líder ya lastrado por la sospecha de conculcar la igualdad de oportunidades y además retrata a una organización reñida con la moral pública antes que con el Código Penal. Como es norma en el PP, Casado se envuelve en el victimismo para eludir responsabilidades, confiando en que las altas instancias jurisdiccionales le sean benignas y no entren en el fondo del asunto, como por ejemplo sucedió con las dietas dobles y triples de Barcina en Caja Navarra. Casado persiste en la indignidad de escudarse en la presunción de inocencia cuando lo que debiera primar en su caso, como aspirante a gobernar una democracia occidental, es la de decencia. Casado se configura como la nueva encarnación del clamoroso divorcio del PP con la ética política.

Más sobre Editorial

ir a Editorial »