Música

Más vale ciento volando

Por Javier Escorzo - Miércoles, 8 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h

CONCIERTO DE CIENTO VOLANDO

Fecha: 2/08/2018. Lugar: Terraza del Caballo Blanco. Incidencias: Lleno hasta la bandera, como siempre. El plan veraniego no puede ser más apetecible con sol, buena música y refrigerios disponibles. Esta semana presenciamos la segunda actuación de Ciento Volando, nuevo grupo local formado por Carlos Colina (voz, guitarra, teclados y armónica), Raúl Elizalde (guitarras), Mattin Arbelaitz (bateria) y Joseba San Sebastián (bajo).

aunque lo más conocido de Navarra, musicalmente hablando, sea el rock urbano de bandas como Barricada (y sus posteriores ramificaciones), Marea y demás, lo cierto es que no podemos quejarnos de variedad, ya que también tenemos (o hemos tenido) grandes representantes en otros estilos. Ahí están, por ejemplo, Los Bichos o Souvenir, grupos importantes en la historia de la música independiente nacional. O Berri Txarrak, Aurora Beltrán, los próximamente resucitados Koma… A todos esos nombres hay que añadir una cada vez más sólida y fértil cantera de artistas que transita los caminos del rock más americano, como Jabi Izurieta, Belcos o Gussy. Fue precisamente en Barracus, un antiguo proyecto que este último artista tenía con Lucas Irisarri, donde coincidieron Carlos Colina y Raúl Elizalde. Allí vieron que existía buena química entre ellos y decidieron seguir trabajando juntos, cosa que han hecho durante meses, sin prisas ni presiones, cocinando a fuego lento nuevas y grandes canciones. Ahora han dado un paso más al mostrarlas en directo. La del Caballo Blanco fue su segunda puesta de largo (la primera había tenido lugar en Burlada pocos días antes), y las sensaciones que transmitieron no pudieron ser mejores.

Y es que a pesar de que al comienzo el escenario parecía un cajón desastre, con muchos papeles pegados por el suelo, con recordatorios, letras, estribillos y apuntes de acordes a medio aprender, en cuanto la música comenzó a sonar (tras una enigmática voz en off), todo fue rodado. Estilísticamente, como ya se ha dicho, el cuarteto bebe de las fuentes de la tradición americana: el rock, el folk, el blues, el jazz, el swing… Es lo que han mamado y lo que les sale con mayor naturalidad en canciones que suelen resolver son instrumentos eléctricos (dos guitarras, bajo y batería). Sin embargo, también dieron otros colores más acústicos a los temas que así lo reclamaban, utilizando para ello armónicas, guitarra acústica, piano e incluso una especie de sousafón que con sus vientos nos transportó a Nueva Orleans, ciudad de la que hablaba la letra (en el título de otra canción se mencionaba Tennessee, por si todavía quedaba alguna duda sobre la procedencia de sus influencias ). Respecto a los textos, también en ellos hay diversidad: amores, desamores, amistad, viajes, envidias, solidaridad, traiciones... en definitiva, todo lo que afecta a las relaciones sociales.

Aunque sus componentes son viejos conocidos de la escena musical navarra, todavía están comenzando como grupo y, por lo tanto, les quedan muchas cosas por asentar y apuntalar, pero Carlos, Raúl, Joseba e Iñigo Redín (sustituto ocasional de Mattin) demostraron tener lo más importante: la compenetración innata que solo surge cuando hay mucho talento y mucha amistad detrás. Tendremos que estar atentos a los siguientes pasos que vayan dando en forma de conciertos y discos, pero todo apunta a que esta banda nos dará muchas alegrías. ¿Quién se conformaría con un pájaro en la mano si puede aspirar a Ciento Volando?