Más allá de lo racional

Por Luis Beguiristain - Sábado, 11 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Durante toda la vida estamos embebidos en calcular los actos de cada día, hasta los minutos, para llevar una vida racional. Cada uno, según los genes y la educación, vamos cumpliendo un programa que ya estaba hecho, pero no nos damos cuenta hasta que nos llega la vejez y la perspectiva de la muerte. Aún así, tratamos de alargar o aparcar todo lo posible el querer mirar de frente a ese monstruo irracional. ¿Se sufre para dejar este cuerpo? ¿Y después qué? Toda la vida es una lucha. Estamos luchando A contra B para no querer mirarle de frente a la muerte. ¿Qué es la muerte? ¿Por qué nací? Nos asusta el misterio, mirar de tú a tú al misterio. Es decir, nos da un terrible pánico considerar la parte irracional de la vida como integrada en nosotros mismos. Por eso se dice en tantas culturas y filosofías, con tintes religiosos o no, que el comienzo y el final son una misma cosa. Que el tiempo tiene otra dimensión diferente a la que conocemos y que todo es unidad. Esto lo hemos oído decir más de una vez, pero queremos no mirarlo. No queremos considerar de verdad la realidad de nuestras vidas íntegras, cuyo monstruo final, cuya sombra nefasta es el abandonar este cuerpo y todo lo que implica. Y asociamos ese monstruo del temor, al egoísmo, el odio a lo que sea, a veces a nosotros mismos, pero sobre todo a la importancia personal. Que no nos quiten eso, porque entonces quedamos desnudos y somos nada. Menos que nada, un no ser. Queremos que se hable mucho de nosotros, incluso cuando ya estemos muertos. ¿De qué nos servirá que hablen de nosotros cuando ya no existimos? La vida está llena de contradicción y de una parte irracional que no queremos considerar. Solo algunos, o tal vez bastantes, cuando ven que de verdad se están muriendo, quieren creer o considerar que puede existir una parte divina que nos perdone el error y nos acoja como un buen padre o madre. Pero, ¿eso es real o irreal? ¿Se puede saber razonadamente o tal vez se pueda presentir o intuir o experimentarlo en ese nivel llamado alma o espíritu? El ejercicio más difícil de lograr a lo largo de los años de la vida de un ser humano despierto, es detener este diálogo interno. Esta carraca mental. Discutimos nosotros mismos, y en reflejo discutimos con los otros, por no ser capaces de resolver esta contradicción interna. De ahí viene la política trastocada y la guerra irracional. De nuestros diálogos internos y la importancia personal.

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