Mi querida Olivetti

Realismo sucio

Por NSantiago J. Navarro - Domingo, 12 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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Raymond Carver nació el 25 de mayo de 1938 y murió 50 años después, el segundo día de agosto de 1988, fechas que nos hablan de un escritor de quien se cumplen los 30 años de su muerte, así como los 80 años de su nacimiento, y fechas, éstas mismas, que nos hablan de un hombre de letras muy particular, dado su escaso interés en seguir las reglas de dicha mancomunidad, la del estrellato literario, y bien reconocida su vida al límite, circunstancias que le llevarían a crear un universo literario tan oscuro como atractivo. Más que probable alcohólico en su juventud, el estadounidense llegó a reflejar en algunos de sus personajes las consecuencias de dicha condición, producto esencial de su última década en vida, aquella en la que Carver probablemente se mantuvo alejado del alcohol y de las drogas y pudo llegar a dar lo mejor de su creatividad en lo referente a lo que se consideró un ejemplo de `minimalismo´ y de lo que acabaría siendo catalogado como `realismo sucio´.

Carver sería, eso sí, uno de los autores mejor considerados en la disciplina del relato breve del siglo XX, buena parte de ella presente en Todos los cuentos, nombre de la recopilación de aquellas piezas más o menos enigmáticas recopiladas en dicho volumen de narraciones, las que forman parte de una de las entregas de la serie `Compendiun´ de la editorial Anagrama, presentada originalmente en 2016. Y es en el sello barcelonés donde ha aparecido recientemente Ginsberg esencial, conjunto de poemas, canciones, ensayos, cartas y una serie de fotografías en torno a Allen Ginsberg, otro de los autores que nunca hicieron ascos al `realismo sucio´ y a otras disciplinas literarias que le emparentan, en la creación de universos paralelos hace medio siglo, con el autor de Principiantes.

Es otra de las razones para seguir leyendo, en 2018, a Raymond Carver.