Miedo al cambio

Arancha Caballero Sagardía - Domingo, 12 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Una de las cosas que más tememos los seres humanos es a envejecer. Nuestro miedo al paso del tiempo es, a veces, tan grande que preferimos borrar caóticamente cualquier huella a cambiar de actitud.

El miedo a envejecer es proporcional a tu nivel de cobardía;el miedo a hacerse mayor es siempre equivalente a tu necesidad de hacerlo. A menudo preferimos aguantar vidas miserables a cambiar de actitud. Lo que tememos, en realidad, quedarnos solos.

El miedo al cambio es siempre una declaración de apego a lo malo y miedo a lo que posiblemente es bueno. Envejecer y sufrir parecen hermanos. Solo basta con observar cómo tratamos a nuestros mayores. Envejecer no es un drama, lo convertimos en uno.

¡Sí! Cuando buscamos a alguien que cuide de nuestros mayores en el periódico: ¿qué le pides? Pides que viva cerca para que la disponibilidad sea total y absoluta. Pides experiencia previa... pides respeto. ¿Qué respeto? ¿El mismo que muestras a tus mayores contratando al que se conforme con menos? ¿Al que contactas por Cáritas pensando que saldrá gratis? Mientras asumas el proceso de envejecer como un proyecto a cumplir, siempre será un mal negocio.

El amor de tus mayores no lo soporta todo, no sigas creyendo en tonterías ni se te ocurra ponerlo a prueba, seguro perderás. No es tan cierto eso que dicen de que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde. A veces, al tenerlo, el terror de perderlo se apodera de ti.

¿Imaginas cómo se sienten tus mayores cada vez que les cambias de cuidador? ¿Cuando después de que te ha hecho limpieza general le despides, adiós muy buenas? Simplemente, porque sabes que la próxima vez encontrarás alguien mejor. Alguien que trabaje más por menos, porque su poder de negociación es proporcional a su nivel de necesidad.

No me extraña que temas envejecer. Porque lo que temes, en realidad, es que hagan lo mismo contigo, y teniendo en cuenta que repetimos todo aquello que no está superado, volverá a suceder.

¿Por qué infantilizar a nuestros mayores? ¿No es mejor que decidan (si pueden), con quién prefieren pasar su valioso tiempo? ¿Con quién sonríen más? ¿Quién les aporta más vida? Al final, el respeto que proyectas en ellos es el respeto que te tienes a ti mismo/a. Tú decides. ¿Cómo quieres envejecer?