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Homenaje en Güesa

María Camino Oscoz vuelve a su escuela de Güesa 82 años después

Una placa recuerda a la maestra asesinada en 1936 y la escuela podrá ser visitada

Imanol Velasco Zozaya - Domingo, 12 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Familiares de la maestra asesinada Camino Oscoz posan junto a sus retratos en el homenaje de ayer en Güesa.

Familiares de la maestra asesinada Camino Oscoz posan junto a sus retratos en el homenaje de ayer en Güesa. (I.V.)

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Familiares de la maestra asesinada Camino Oscoz posan junto a sus retratos en el homenaje de ayer en Güesa.

Güesa/Gorza- “Para ser un pueblo tan pequeño tenéis un corazón muy grande”. Estas fueron las palabras con las que Aritz J.L. Ardanatz, sobrino-nieto de Mª Camino Oscoz Urriza, comenzó su intervención agradeciendo el homenaje que el pueblo de Güesa realizó ayer a la figura de la maestra de la localidad asesinada en 1936. La colocación de una placa en la entrada de la antigua escuela, intervenciones orales y un Aurresku, fueron el sencillo pero solemne reconocimiento de toda la localidad. Para el alcalde, Pedro Mascaray, el homenaje a María Camino Oscoz era una asignatura pendiente y afirmó “Somos un pueblo muy pequeñito, pero hoy nos hacemos muy grandes para rescatar su memoria, sacarla a flote y hacerle un sentido homenaje de todo el pueblo”.

Organizado por el Ayuntamiento y el concejo de Güesa, la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra (Affna-36) y en colaboración con el Gobierno de Navarra, los actos comenzaron en la antigua escuela, en la que la propia Mª Camino impartió clase, donde la consejera de Relaciones Institucionales Ana Ollo, acompañada por los familiares directos de la maestra, Javier Torres y Aritz J.L. Ardanatz, descubrieron la placa en honor a su compromiso con la educación igualitaria y los principios educativos republicanos. Los actos, conducidos por Peio Mascaray, continuaron en el frontón y todas las intervenciones fueron acompañadas por la música del dúo que compusieron Pedro Planillo y María Eugenia San Martín y la Ilunberriko Txaranga. La jornada la cerró una comida popular para unas 110 personas.

A pesar de ser breve (1934-1936), el paso de María Camino Oscoz Urriza por Güesa dejó una huella muy profunda en sus habitantes. Aunque fue borrada en todos los sentidos por la educación franquista, según Pedro Mascaray, todavía quedan vivas personas en la localidad que la recuerdan. Suyas fueron las intervenciones para pedir cosas tan normales como leña para calentar el aula en invierno, o tan rompedoras para la mentalidad rural de la época, como materiales más modernos para sus lecciones o pedir a los padres que no educaran a sus hijas como criadas de sus compañeros varones.

En esa línea fueron las palabras de la consejera Ana Ollo, que recordó que Mª Camino, al igual que otros 300 maestros en Navarra, “pagó estar comprometida activamente con los valores republicanos con humillaciones públicas, vejaciones, violaciones y, finalmente, con el asesinato”.

GRATITUD DE LA FAMILIA

“Estamos muy contentos y agradecido a la organización, participantes y al Gobierno de Navarra, esto hace unos años no hubiera sido posible”, declararon los familiares de Mª Camino. Venidos de Bizkaia y diferentes partes de Navarra, Juan Antonio Rubio-Ardanaz, Aritz J.L. Ardanatz, Gabriela Torres, Javier Torres y Enrique Torres, los familiares más directos junto a Mercedes Ardanaz, recibieron la misma inscripción que se puede leer en la placa de la escuela de manos del alcalde de la localidad.

Con el asesinato de María Camino y la huida al exilio de su hermano Juan Antonio, sólo quedó una hermana en Pamplona. El resto marcharon a Canadá o a Francia, en busca de un futuro mejor, aunque no por eso menos complicado. Agradecidos y emocionados por lo vivido ayer en Güesa, instaron a los asistentes a “seguir investigando, recordando, y si es posible, buscando la reconciliación”.

Gracias al libro de Joseba Eceolaza Camino Oscoz y otras historias del 36, se conoce la inmensa crueldad de quienes le quitaron la vida a María Camino Oscoz. Paseada, vejada y humillada por las calles de Pamplona y después de pasar por al menos dos de sus cárceles, fue arrojada por el balcón de Pilatos (Urbasa). Para Eceolaza no es una víctima más de la represión franquista en Navarra. Su afán de progreso, a través de la educación, y su desarrollo intelectual, pues incluso llegó a cartearse con Pío Baroja, hacen de ella un símbolo. “Intentaron antes de matarla que pidiera perdón y se confesara, pero no lo consiguieron”, dijo Eceolaza, “Camino pide que la saquemos de allí, y lo haremos. Porque tenemos más vida que cunetas. Que ya es decir”, concluyó.

En Güesa queda una reproducción de la escuela de Mª Camino. Recuperada gracias al empeño de Rosa Sanz, con la ayuda de varias personas. Un aula con materiales de la época, abierta en su memoria para quien quiera visitarla.