Adiós Pamplona

Procesión en el Rincón de la Aduana, 1922

Por Joseba Asiron (www.adiospamplona.blogspot.com) - Domingo, 12 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

(Foto: De Arazuri, J.J. ‘Pamplona, calles y barrios’.)

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En 1922 la catolicísima Pamplona se encontraba en plena ebullición religiosa, debido a la llegada del brazo incorrupto de San Francisco Javier. El brazo del santo, muerto en Goa en 1552, permanecía enterrado en la iglesia del Gesù de Roma, y la llegada de la reliquia a Navarra era considerada como una suerte de retorno del patrón a la tierra que le vio nacer. La fotografía muestra a una multitud, que ha acudido al Rincón de la Aduana para ver la procesión organizada al efecto, y que congregaba nada menos que a San Fermín, a San Miguel de Aralar, a la Virgen del Sagrario y al propio brazo de San Francisco Javier. Todo un evento, vaya. En otro orden de cosas, llamaremos la atención sobre la torre de San Lorenzo, todavía coronada por el chapitel que Florencio Ansoleaga le colocó en 1901, así como el edificio de la Aduana, construido hacia 1900, que podemos a ver hacia la izquierda y que a pesar de haber desaparecido hace años sigue dando nombre al lugar.

Hoy en día- La zona permanece fácilmente identificable, merced a la figura descollante de la iglesia de San Lorenzo, que naturalmente permanece en su lugar, eso sí sin el puntiagudo chapitel de 1922. El edificio de la Aduana Municipal fue transformado en 1911 en cocheras para el ferrocarril de El Irati, y fue finalmente derribado en los años 40 del siglo XX. En 1954 se erigió el llamado Monumento a la Inmaculada, que vemos a la derecha y que es un pastiche sin gracia ni arte, un auténtico pastelón. La última gran transformación de la zona consistió en la construcción de un parking subterráneo en 1998. En cuanto al brazo de Francisco de Jaso y Azpilkueta, San Francisco Javier, qué quieren que les diga. En el año 2006 volvió a Navarra, aunque en mi humilde opinión hace ya mucho que dejó de permanecer incorrupto. Y si de pronto recobrara vida y pudiera moverse, seguramente correría para soltarle a alguno un sonoro muturreko.