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El ‘nuevo’ PP, en la radicalidad

Casado está llevando al PP, aún impactado por la pérdida del poder y obsesionado con desgastar el Gobierno, a posiciones del pasado y alejadas de la moderación. Para ejemplo, el uso político de ETA

Lunes, 13 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

desde que hace algo más de dos meses Mariano Rajoy fue desalojado de la Moncloa tras perder la moción de censura que aupó a Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno español, el PP, sumido en el desconcierto de pasar a la oposición, ha iniciado un viaje a la radicalidad y al pasado. La elección de Pablo Casado como nuevo presidente en detrimento de quien había sido la mano derecha de Rajoy en el Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, ya hacía prever, dadas sus posiciones y sus discursos, que los populares daban un giro a la derecha en busca de los votos más extremos que había ido perdiendo ante el empuje de Ciudadanos. Era lógico que tras la pérdida del poder el PP emprendiese un proceso hacia un rearme ideológico y sobremanera ético. Lejos de ello, Pablo Casado y los nuevos dirigentes -que se sienten falsamente liberados del pasado de corrupción del partido, como si lo hubiesen vuelto a fundar- han imprimido en el PP una peligrosa estrategia de huida hacia delante y de desgaste del Gobierno a toda costa que le está llevando a sostener principios y posiciones alejados de la moderación. El caso más paradigmático es el de la política penitenciaria tras el fin de ETA. Como si el Gobierno de José María Aznar no hubiese aproximado a cerca de doscientos presos en el periodo 1996-1999, o asimismo el de Rajoy no hubiera tomado decisiones como cambios de grado de varios reclusos de ETA -28 en concreto- y no estuviese estudiando seriamente acercamientos de algunos internos cuando extravió la Moncloa, el nuevo PP ha arremetido contra los últimos traslados, ha acusado al Ejecutivo nada menos que de “traición” -lo que, por cierto, ya hizo en el pasado con Zapatero- y ha amenazado con salir a la calle -de nuevo, una vuelta atrás- para impedir cualquier cambio en este terreno. No le ha importado para ello la utilización y la bajeza moral de su intento de manipulación de las víctimas, muchas de las cuales han tenido que salir a denunciar la demagogia popular, así como el uso político de las cuestiones que tienen que ver con la violencia pretérita. Una estrategia sucia que, al contrario de lo que busca, puede llevar al PP a agravar su crisis de identidad. Lo último es desempolvar el Pacto Antiterrorista pero como arma arrojadiza, pues para qué otra cosa puede servir si se le reprocha a Sánchez hasta el mero cumplimiento de la ley con el traslado de dos presos en tercer grado, desvinculados de ETA y que además han sufragado su responsabilidad civil.

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