El año que ardieron las entrañas de Gorramendi

En 2003, hace 15 años, un incendio subterráneo calcinó toda la vertiente norte del monte sin que fuera posible su extinción

Un reportaje de Lander Santamaría Fotografía Juan Mari Ondikol - Lunes, 13 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El fuego subterráneo es un fenómeno que calcina toda la materia natural acumulada durante décadas bajo la superficie de una montaña.

El fuego subterráneo es un fenómeno que calcina toda la materia natural acumulada durante décadas bajo la superficie de una montaña.

Galería Noticia

El fuego subterráneo es un fenómeno que calcina toda la materia natural acumulada durante décadas bajo la superficie de una montaña.Toneladas de agua no lograron apagar el incendio.

el año 2003 pasará a la pequeña gran historia del Valle de Baztan a causa de la meteorología, que mantuvo la temperatura diez días del mes de agosto por encima de los 40º, y por un curioso fenómeno, un fuego subterráneo que calcinó la turba del monte Gorramendi ante la impotencia de los servicios de extinción. El incendio se activó la primera semana de agosto, quizás de forma espontánea a causa del calor y el agostamiento del suelo o por la caída de algún rayo, y se mantuvo activo y avanzó imparable hasta que arrasó todo el subsuelo.

El suceso fue considerado una novedad en el Valle de Baztan, aunque según indicaron vecinos de cierta edad, habían conocido un fenómeno semejante. El recordado Beñardo Rekalde, fallecido, auténtica biblia de Amaiur, la histórica villa al pie del monte donde residía, manifestó entonces que “medio siglo atrás (en los años cincuenta), se registró un incendio similar que estuvo ardiendo por lo menos un mes”.

En 2003 ocurrió otro tanto, y los vecinos pudieron observar las columnas de humo y algunas llamas que salieron al exterior hasta final de mes. Aquel año, entre los días 3 y 14 de agosto, el Valle de Baztan y en general toda la cuenca del Bidasoa, soportaron sofocados temperaturas superiores a los 40º y una máxima de 43º en un verano auténticamente sahariano.

imposibleLos técnicos del Consorcio de Bomberos que acudieron para analizar las causas del incendio que calcinó todo el subsuelo vegetal de la ladera norte de Gorramendi decidieron desistir, tras lanzar toneladas de agua sin conseguir resultados, y establecer un dispositivo de control permanente ante las nulas posibilidades de sofocarlo. El que era a la sazón oficial de bomberos, Carlos Orta, declaró que no existía riesgo de que el fuego afectara a la superficie y confió en que “quedará extinguido cuando calcine todo el sustrato vegetal” como así ocurriría.

El incendio avanzaba muy lentamente, “entre 50 y 75 metros por día, y afecta a los 25 centímetros de la capa vegetal que se sitúan debajo de una gran cantidad de piedras de tamaño muy considerable, desgajadas de la montaña a lo largo de los siglos”, calculó entonces Carlos Orta. Debajo del sustrato vegetal es donde se encontraba la capa mineral, que no permitía la combustión por falta de oxígeno.

La ladera afectada se comportó como una gran carbonera con las que se obtenía el carbón vegetal, y “al tratarse de un espacio poroso que ha soportado durante varias semanas altas temperaturas y sequía, en el subsuelo se ha acumulado gran cantidad de oxígeno que permite la combustión del humus y la turba enterradas cerca de la cima”, explicó el técnico. “Extinguir ese incendio es imposible porque posee una gran inercia térmica por la capa vegetal que hay y que le sirve de combustible”, resumió el oficial de bomberos.

Sin DAÑOSEn realidad, el fuego no causó daños de entidad ya que la superficie contiene escaso pasto y únicamente es habitual la presencia de algunas cabezas de caballar que crecen en libertad, y se mantuvo alejado de la torre de comunicaciones que presta servicio al valle. Los denominados fuegos de subsuelo o subterráneos son los que se propagan a través de la materia orgánica seca bajo superficie, raíces o turba, y aunque no son muy frecuentes sí son causa de rebrotes. En este caso, calcinó más de un centenar de hectáreas de turba antes de extinguirse, y produjo humaredas muy visibles que, por fortuna, sólo fueron un caso para el recuerdo.

El escenario

El monte que está desnudo

Magnetismo. La traducción quizás más acertada del topónimo Gorramendi es la que facilitó el genio de Orio, Jorge Oteiza, consultado en una de sus visitas a Baztan: ¡Monte desnudo! Y es que el fenomenal macizo protector del valle es así en la ladera norte, la visible desde la práctica totalidad de los pueblos baztandarras que desde su cima se pueden ver como el mejor mirador para una impresionante panorámica. En efecto, está desnudo, pelado, y, en otro caso curioso, con una imagen distinta cada día del año. Este macizo ha conocido presencia militar cuando albergó la base de Alerta y Control que también fue el tiempo en el que hubo la mayor huella humana. Tiene fama de poseer virtudes magnéticas que benefician a la salud que guarda allí en lo más profundo, y de ser, casi como ningún otro, un lugar ideal para lanzar el irrintzi más potente que uno pueda.