Editorial de diario de noticias

Emergencia migratoria, crisis política

Persisten los náufragos a la deriva en el Mediterráneo mientras la Unión Europea sigue mirando a otro lado, al margen de gestos puntuales del Gobierno de Sánchez. Falta compromiso colectivo, urge una estrategia conjunta

Martes, 14 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

los últimos acontecimientos tanto respecto al flujo de migrantes como a su gestión en el ámbito comunitario vuelven a poner el foco en un asunto que despierta una lógica sensibilidad desde la perspectiva humana pero que está desconcertando de modo especial a las distintas instituciones y también a organizaciones de diversa índole, incluidas las ONG. La llegada a Algeciras de un buque de Proactiva Open Arms con 87 personas a bordo rescatadas frente a Libia resultó la penúltima constatación de que la dimensión de la tragedia que día a día acontece frente a nuestros ojos es mayúscula y requiere de un esfuerzo compartido para hallar una solución humanitaria y sólida. Remedio que no llega, pues se siguen incumpliendo las normas internacionales que obligan a asistir a los náufragos y llevarles a un puerto seguro en el menor tiempo posible. Ahora con los 141 migrantes que vuelve a acoger el Aquarius sin que ningún Estado acepte el barco, tampoco el español que sí asumió a los 630 también rescatados por Médicos Sin Fronteras con anterioridad alegando que entonces se trataba de una situación excepcional por rebasarse la capacidad de la nave. Constatada la nula colaboración de Túnez y Libia, así como la intolerable actitud de Italia y de Malta por el racismo que comporta, la Unión Europea continúa mirando hacia otro lado ante lo que Amnistía Internacional califica de vergüenza, además de tragedia. Y eso después de la cumbre bilateral de este pasado fin de semana entre el presidente Sánchez y la canciller Merkel precisamente para abordar la crisis migratoria, un compendio de reproches de puro sentido común a las posiciones xenófobas y de buenas intenciones de diálogo con el continente africano que solo se ha traducido por ahora en la voluntad de aportar fondos a Marruecos para que blinde la frontera marítima. Habida cuenta del creciente drama, es hora de que la Comisión Europea, con el presidente Juncker a la cabeza, lidere una reflexión conjunta de todas las instituciones comunitarias para acometer una estrategia conjunta que incluya iniciativas a corto, medio y largo plazo mediante un compromiso colectivo de la comunidad internacional. Se trata de un imperativo de orden político pero también ético para abordar al fin con la determinación exigible un fenómeno que desborda previsiones y mugas, afectando a la esencia humana y a los valores que todos debemos compartir, en especial en la Europa de los pueblos.

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