La victoria de Iturisa-Orreaga en 2018

Por Tomás Urzainqui Mina - Martes, 14 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

si la verdadera importancia de la civilización aquí desarrollada, ya emergió cuando se abría en 2002 -mediante cesárea- el seno de Iruña, en el lugar que ocupaban las monumentales termas públicas de la urbe Pamplonesa, para a pesar de ello instalar en su lugar de inmediato, sacrílegamente y sin escrúpulo, un simple aparcamiento de coches, asistimos en la actualidad a la confirmación de la civilización propia, nada menos que en otro de los más emblemáticos escenarios, el de Orreaga, con la ciudad también euskaldun de Iturisa.

La destrucción de la ciudad vascona de Iturisa por los bárbaros supuso tapar por completo y de forma definitiva la calzada, haciéndola impracticable en este tramo, de una de las más importantes vías de comunicación de Europa, con los escombros de las viviendas de los vascones derrumbadas a todo lo largo de la travesía urbana de la misma.

La ciudad vascona, levantada en Erronzabal, aparece ahora con la tecnología del geomagnetismo y georadar en una extensión bastante apreciable, con sus manzanas, delimitadas por calles paralelas y perpendiculares, viviendas y grandes edificios, de todo lo cual solo se ha excavado el 1%. Las sucesivas batallas de Orreaga, que ocurrieron entre el 15 de agosto del año 778 y el 824 en la comarca de esta ciudad de Iturisa, son hitos de un continuo, tan largo como el de la historia de la propia sociedad pirenaica. La posibilidad de que tuvieran un resultado victorioso está en los medios de su civilización superior y con la organización de una sociedad política que se defiende a sí misma. El reduccionismo negacionista, que al parecer en la actualidad se ha apoderado de buena parte de Euskal Herria, no va a poder seguir ocultando más la totalidad de la verdad -política, euskaldun, cultural, jurídica, económica y social- propia de esta sociedad. Por otro lado, no se está haciendo caso a los euskerólogos importantes que ha habido en este país, cuando advirtieron de la necesidad de potenciar el conocimiento del conjunto de la realidad, divulgándolo con veracidad. Fue precisamente aquella civilización euskaldun-europea con sus abundantes ciudades la matriz de la sociedad plural y abierta que creó el Estado propio y singular de Navarra, el único de los vascos.

La seguridad interna de la sociedad pirenaica existente se debilitó cuando la Iglesia católica, nueva religión en el Europeo Estado Romano desde el año 313, fue subsumida dos siglos más tarde por los bárbaros. La civilización europea vascon-romana resiste, mientras que aquella religión es dominada por el reino bárbaro de los francos el año 499 con la cínica conversión al catolicismo de su rey Clodoveo, o en el reino bárbaro de los visigodos el año 587 con la igualmente de Recaredo. Esta anómala situación exigió que el Estado navarro preservara su civilización euskaldun-europea, lográndolo hasta que como consecuencia de la conquista la iglesia navarra desapareciera en 1523, a manos de la Iglesia patrimonial e inquisitorial de la Monarquía española y luego también de la cristianísima galicana, aun manteniendo las instituciones estatales navarras hasta 1841.

Se está comenzando a ver el resurgir de la realidad ocultada, que había sido negada durante demasiado tiempo, por la presión de las sucesivas hordas depredadoras de los conquistadores y de las de sus secuaces de toda especie. Son, nunca es tarde, los esperados e inevitables éxitos de la verdad sobre la barbarie, incompatibles con la ignorancia, planificada desde el poder suplantador de los parasitarios liberticidas, asimismo como sucede ahora ante nuestros ojos con el nefando monumento levantado, en medio de Pamplona-Iruña, para consagrar la presencia indefinida de la última e inaudita barbarie genocida de 1936, continuación agravada de todas las anteriores.

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