Gaztetxe Maravillas

Por Iosu Cabodevilla Eraso - Martes, 14 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

señora presidenta Uxue Barkos;señora consejera Mª José Beaumont: esa mañana el cielo sonrió. Aquella jovencita de apenas 14 años, Maravillas Lamberto, que hacía ochenta años fue brutalmente agredida, violada y finalmente asesinada, por quienes decían defender la paz, el orden, la justicia, volvía a estar viva entre jóvenes que soñaban conquistar el cielo.

Maravillas comenzó a pasearse orgullosa, a sabiendas de que ya nadie le podía hacer daño, entre los gruesos muros del Palacio de Rozalejo, en el corazón de la vieja Iruña. No era para menos, el palacio llevaría, a partir de ahora, su nombre, Maravillas.

Maravillas escuchaba en silencio, de quien ya no tiene cuerpo, los debates de estos y estas jóvenes sobre ecología y cambio climático, feminismo, economía, política. Jóvenes que hablaban y se informaban sobre los pueblos indígenas, sobre los conflictos internacionales, sobre las personas cercanas en dificultad. Jóvenes que discutían de pelota o sobre fútbol. Jóvenes con los que se sentía viva mientras organizaban charlas, conferencias o cinefórum. Jóvenes que reían mientras se tomaban una caña, un vaso de vino o un kalimotxo. Jóvenes con la mira limpia y los ojos brillantes de quienes aman la vida y saben que el futuro les pertenece.

Señora presidenta Uxue Barkos, señora consejera Mª José Beaumont: no es cierto que el Gaztetxe Maravillas sea un lugar para emborracharse, o quedarse tirado, o juntarse con los amigos y amigas, pero sin querer pagar el alquiler de una bajera como hacen otras cuadrillas. No, no es eso, y ustedes lo saben, a pesar de la insidiosa insistencia de quienes desde la oscuridad de la cueva buscan romper los sueños y sembrar dolor en nombre, nuevamente, de la justicia, del orden, de la paz.

No es cierto esa imagen, que quienes habitan en la caverna nos quiere hacer ver, de jóvenes violentos/as, que abordan a la fuerza cualquier inmueble. Hasta donde yo sé, entre ellos y ellas hay jóvenes economistas o estudiantes de economía, de derecho, de matemáticas, de ingeniería, de física, de medicina, de arquitectura. Jóvenes entusiastas de la sociología, del trabajo social, del periodismo, de la educación. Jóvenes trabajadores de electricidad, de fontanería. Jóvenes apasionados/as, respetuosos/as y generosos/as.

Pregunten a los vecinos/as del barrio si tienen alguna queja del Gaztetxe Maravillas. Pregunten a los hosteleros, que pagan sus impuestos y permisos, si para ellos es una competencia desleal, como dicen quienes siembran el conflicto porque no aceptan que en las últimas elecciones la sociedad navarra eligió el cambio. Manden a técnicos, si fuera necesario, para valorar que el inmueble, de gran valor histórico, no está siendo degradado. Pregunten, pregunten.

Hace algo más de tres años, elegimos el cambio en la forma de hacer política, no hagan lo mismo que sus antecesores/as. No rompan la ilusión de tantos miles de navarros y navarras que soñamos que las cosas se pueden hacer de otra manera y que confiamos que puede haber más años para consolidar el cambio. No trunquen el futuro próximo de esta comunidad con un desalojo que solamente anhelan quienes no aceptan que ya no gobiernan.

Sí es cierto que estos y estas jóvenes ocuparon un edificio público. Y también es cierto que el edificio llevaba años, cerrado, sin uso y sin proyecto para qué utilizarlo.

Señora presidenta, señora consejera: cuando tengan algún proyecto sobre este edificio para la sociedad, preséntenoslos, y la sociedad ya decidirá. Mientras, dejen hacer, este espacio público abierto a todo el mundo, autogestionado por estos y estas soñadores/as.

Una sociedad libre, avanzada y respetuosa, bien puede acoger en su seno este tipo de espacios que no se manejan con las normas establecidas. Territorios autogestionados, de debate continuo, empapados de solidaridad y generosidad. Lugares que rezuman libertad, así, con mayúsculas.

¿Y por qué no crear más este tipo de espacios brillantes y luminosos? ¿Se imaginan que fueran surgiendo más gaztetxes, y gizon-andreaetxes;e incluso amatxi-aitatxietxes? Quizás entonces la utopía se hubiera hecho realidad, y tal vez la sociedad ya no necesitaría presidentas, ni consejeras.

La puerta de entrada del Gaztetxe Maravillas es otro símbolo que Picasso nos legó de herencia a la humanidad. Símbolo de resistencia ante el horror. Evitemos otro pequeño horror.

Señora presidenta Uxue Barkos, señora consejera Mª Jose Beaumont: hablen, dialoguen con estos y estas jóvenes soñadoras, y tengan paciencia con ellos, con ellas, con su entusiasmo, con su vital energía.

Señora presidenta, señora consejera: tendría que ser suficiente el nombre de este gaztetxe para evitar su desalojo. No mancillen de nuevo a Maravillas.

El autor es psicólogo clínico