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Dos horas de ‘Subida’

Cientos de personas acompañaron a la corporación municipal a la iglesia de Santa María, a donde llegaron a las diez de la noche
La Agrupación Coral Tafallesa cantó la Salve de Hilarión Eslava

Carmelo Armendáriz - Miércoles, 15 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Mucha animación al inicio de la Subida a la Salve.

Mucha animación al inicio de la Subida a la Salve. (CARMELO ARMENDÁRIZ)

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Mucha animación al inicio de la Subida a la Salve.

tafalla- Pocos minutos antes de que las agujas del reloj de la casa consistorial marcasen las ocho de la tarde, los soportales de la plaza de Navarra eran un hervidero de gentes que esperaban ansiosas y expectantes el inicio de la Subida a la Salve, uno de los actos más emotivos y singulares de las fiestas. Con puntualidad británica, la Banda de Clarines y Timbales interpretó con gran solemnidad en el zaguán el Saludo a la ciudadcon la corporación municipal en las escalinatas del ayuntamiento, y la Banda de Música La Tafallesa dio paso a los primeros acordes del vals ¡Viva Tafalla!mientras decenas de mozos y mozas levantaban sus brazos para cantar y bailar esta emocionante música.

De este modo dio comienzo el traslado hasta la iglesia de Santa María, donde la Agrupación Coral Tafallesa, bajo la dirección de Alicia Osés, interpreta cada año la Salve compuesta por Hilarión Eslava. Una tarde ventosa, con el cielo algo nublado sin amenaza de lluvia y con el termómetro en los 21 grados, permitió el disfrute de los participantes en esta singular Subida a la Salve que finalizó cuando ya eran las diez de la noche. Cabe recordar que el año pasado la comitiva llegó a Santa María en una hora y media, a las 21.30 horas, cuando se intensificaba la lluvia que había estado amenazante durante toda la tarde.

Ayer, en la primera media hora, en el trayecto desde los porches de la plaza de Navarra hasta la calle Anastasio Mutuberría, fueron decenas los mozos y mozas que no dejaron de cantar y bailar de forma repetitiva el vals que compuso en el año 1957 el entonces director de la Banda La Tafallesa, Antonio Feijóo, con letra del poeta local Santos Boneta. Los músicos de La Tafallesa, dirigidos por Óscar de Esteban, trataban con paciencia de avanzar en su lento y parsimonioso recorrido.

El cortejo lo cerraba la corporación municipal con los ediles rodeando la bandera de la ciudad que portaba la concejala Raquel Irigalba (UPN), la edil más joven de la corporación. Poco a poco, la comitiva continuó avanzando de forma paulatina entre cánticos, saltos y bailes hasta llegar a la zona de las Cuatro Esquinas, donde el séquito comenzó a tomar una marcha más lenta todavía, mientras los músicos y los corporativos aguantaban ante el numeroso grupo de jóvenes.

Como es habitual, este traslado hasta la iglesia de Santa María se desarrolló de un modo distendido, alegre y participativo, permitiendo en ocasiones que los propios corporativos rompiesen el protocolo y la formalidad del desfile para dialogar de forma distendida entre ellos, marcarse unos bailes o saludar a los vecinos que les observaban a su paso.

en santa maríaAl llegar a las calles Garcés de los Fayos y Túbal, en lo que se puede considerar como la segunda parte del itinerario, el número de acompañantes se fue reduciendo notablemente, hasta llegar al templo parroquial. En el atrio y en el interior de la iglesia, completamente abarrotada de público, esperaban los sacerdotes ocupando la parte del presbiterio. La Agrupación Coral Tafallesa interpretó de forma solemne la Salve, mientras los asistentes escuchaban la obra con un respetuoso y conmovedor silencio. El canto tuvo una duración de apenas 15 minutos y se completó con la interpretación de la aurora dedicada al patrono de la ciudad, San Sebastián, entonada al unísono por todo el público.

Finalizado el acto religioso, la comitiva regresó de nuevo y en poco más de veinte minutos hasta la plaza de Navarra dando por finalizado este entrañable acto de la Subida a la Salve en las vísperas de la Virgen de la Asunción.