Prórroga Rojiblanca

sUPERCOPA DE eUROPA el atlético se hace con el título en el tiempo extra merced a un golazo de saúl y otro de koke ante un real madrid que no deja a lopetegui en buen lugar

Iñaki Dufour Valda Kalnina (Efe) - Jueves, 16 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Diego Costa celebra uno de los dos goles que le marcó ayer al Real Madrid.

Diego Costa celebra uno de los dos goles que le marcó ayer al Real Madrid.

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Diego Costa celebra uno de los dos goles que le marcó ayer al Real Madrid.

Madrid- Rescatado por un gol de Diego Costa en el minuto 78, resolutivo en la prórroga con dos tantos y oportuno en cada error defensivo del Real Madrid, el Atlético conquistó la tercera Supercopa de Europa de su historia (2-4), mostrándose mejor en los detalles que un rival vulnerable que, no obstante, tuvo el título en su mano.

Desde que marcó el 2-1 de penalti -Sergio Ramos fue el autor del gol- a media hora del minuto 90 y desde que se apropió del encuentro sin aparente respuesta del equipo rojiblanco, el Real Madrid se mostró tan convencido de su victoria que Marcelo se permitió un lujo innecesario, del que renació el Atlético agarrado a Diego Costa, autor del tanto que mandó el partido a la prórroga.

El partido del delantero colchonero resultó espectacular, por sus tantos, por su entrega, por su despliegue, porque sin él, probablemente, el éxito habría sido imposible, como sin el golazo de volea de Saúl Ñíguez en la primera parte de la prórroga, que desequilibró ya invariablemente un encuentro que sentenció instantes después Koke Resurrección, con la frustración del Real Madrid, derrotado en una final 18 años después.

Ni siquiera el verano ni una pretemporada tan condicionada aligeran ni la dimensión ni la emoción ni las vibraciones ni la pasión ni la tensión del derbi más grande de Europa, menos aún en estos tiempos. Son dos equipos para luchar por todo, para disputar cada título, para reinar en Europa... Y no admiten ninguna excusa.

No las hay desde su ambición ni la configuración de sus plantillas ni tampoco las proponen desde el terreno de juego. Había futbolistas casi recién aterrizados de sus vacaciones, pero compitieron con todo en el estadio Lillekula de Tallin (Estonia), un campo minúsculo, con apenas 12.500 espectadores, para un partido tan enorme;agitado, en ebullición, a toda velocidad, prácticamente al primer instante.

Hace cuatro años, en la final de la Liga de Campeones en Lisboa, Diego Costa aguantó ocho minutos, roto, imposibilitado, por lesión;ayer, en la Supercopa, sólo necesitó 50 segundos y un pase largo, quizás a la nada, de Diego Godín para transformar un lance aparentemente irrelevante del juego en un golazo incontestable.

¿Por qué? Porque, de espaldas, fue astuto para sorprender a Sergio Ramos, fuera de foco de inmediato cuando el atacante peinó el balón;porque después fue rápido para conectar de nuevo otra vez con la cabeza en la pelota y desbordar por zancada a Varane y porque su definición fue brutal, con un derechazo que dobló a Keylor Navas.

En 50 segundos. Con todo lo que supone para el goleador, el Atlético, y para el contrincante, pero no para el Real Madrid. Asumido el lapsus, controlada la presión que tanto le agobió de inicio al conjunto blanco, en cuanto encontró a Marcelo, Bale e Isco fabricó metro a metro, pase a pase, la respuesta al primer golpe. Benzemá empató la contienda antes del descanso y Sergio Ramos la desniveló de penalti en el ecuador del segundo periodo. Pero apareció de nuevo Diego Costa para igualar, mandar el encuentro a la prórroga y forzar un tiempo extra en el que un golazo de Saúl dio el título al Atlético y condenó a la derrota a Julen Lopetegui en su primer partido como entrenador del Real Madrid.