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Trepidante descenso con una manada muy agrupada

Solo hubo dos atenciones en un encierro que contó con muchos más corredores

María San Gil | J. Bergasa/U. Beroiz/D. Olóriz - Jueves, 16 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Un nutrido grupo de corredores trata de mantener la velocidad del ganado en la cuesta final.

Un nutrido grupo de corredores trata de mantener la velocidad del ganado en la cuesta final. (BERGASA/BEROIZ/OLÓRIZ)

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Un nutrido grupo de corredores trata de mantener la velocidad del ganado en la cuesta final.

falces- Con muchísima más afluencia de espectadores y corredores que estos días atrás, el cuarto Pilón de Falces, el que marca el ecuador de los encierros, transcurrió sin mayores incidencias. Las vacas de la ganadería Lastur, de Itziar, protagonizaron una carrera trepidante, veloz y algo atropellada en el tramo final.

Como ayer fue el Día del Muete, el alcalde infantil, Javier Vidaurreta, fue el encargado de lanzar los cohetes y, a pesar de que parecía que los animales no salían del corral puesto que tardaron en aparecer por la fuente de los Pajarillos más de lo normal, los miembros de la ganadería explicaron que esperaron un minuto a soltar a las reses para que Vidaurreta pudiese salir del recorrido y ponerse a resguardo.

Por su parte, algunos de los corredores locales relataban que los animales salieron “como auténticos cohetes del corral”, velocidad que no disminuyó en el tramo final sino que incluso se incrementó haciendo aún más espectaculares las carreras y algunas de las caídas.

Sin embargo, y a pesar de los montones y los golpes contra la ladera y el vallado, los sanitarios de la DYA tan solo tuvieron que atender a dos personas que presentaron erosiones después de haberse caído en la cuesta final y, en el caso de uno de ellos, tras ser pisoteado por los animales.

El dispositivo para estos días, explicaban, se mantendrá con las dos ambulancias y el puesto fijo aunque para la prueba de ganado, reiteraban, se quedará tan solo un vehículo.

Los diez animales, formando una larga fila, llegaron hasta el corral de forma abrupta y atropellada en parte debido a la espectacular velocidad que llevaban.

Para Ainhoa Oñederra, ganadera e hija de José Oñederra, titular de la ganadería que ayer no pudo acercarse hasta Falces, “la carrera, desde abajo, me ha parecido que ha ido muy bien, ha sido muy espectacular, han ido enfiladas y muy veloces, igual hasta demasiado”.

relevo generacionalAmante de este mundo y metida de lleno en él a pesar de su juventud, pues tan solo tiene 23 años, Ainhoa, que es la tercera generación que pasa por la ganadería guipuzcoana, explicaba que trajeron seis vacas veteranas, que fueron las encargadas de guiar la bajada, y cuatro jóvenes. “Es difícil elegir el ganado, nosotros optamos por vacas bonitas, con planta y buenos cuernos, que sean correosas y vistosas”.

Esta ganadería es la que más kilómetros tiene que recorrer para llegar a Falces, municipio con el que están vinculados puesto que un familiar veranea siempre allí. Por este motivo, Oñederra agradecía el apoyo y la ayuda de familiares y amigos, un grupo de unas 20 personas. “El camión viene la víspera del día del encierro y las vacas se quedan ahí. En mi caso, he venido esta mañana y ahora toca cargar y a casa de vuelta. A pesar de que es una paliza, siempre gusta venir aquí, no hay ningún encierro parecido, se forma un ambiente diferente;en la montaña, con la peligrosidad y emoción que eso conlleva. Además, hoy había muchísima gente, me he quedado alucinada”.

A pesar de la responsabilidad del evento, y aunque reconocía que no había dormido apenas debido a los nervios, Oñaederra se mostraba muy contenta con la carrera que plantearon sus animales.

Ayudando a su padre en todo lo que puede con los animales de la ganadería;bueyes, ovejas, yeguas, vacas o novillos, y a pesar de ser un mundo muy sacrificado, tal y como afirmaba al tiempo que cargaba las vacas en el camión, apuntaba que “es algo que me gusta y que conozco desde que era pequeña”.