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Ocurrió en mayo de 2016

El TS confirma una condena de 14,5 años de cárcel por agredir a dos menores en Pamplona

Sucedió en un civivox y al salir de una discoteca

Enrique Conde - Viernes, 17 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Varias personas, en la entrada del Palacio de Justicia.

Varias personas, en la entrada del Palacio de Justicia. (Oskar Montero)

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Varias personas, en la entrada del Palacio de Justicia.

pamplona- El Tribunal Supremo ha confirmado una condena de 14,5 años de cárcel a un joven que cuenta ahora con 21 años de edad y que en mayo de 2016 cometió sendas agresiones sexuales en el barrio de San Jorge de Pamplona sobre dos adolescentes a los que además robó y amenazó para que no dijeran nada de lo ocurrido. Al procesado se le condena por dos delitos de agresión sexual, dos de amenazas condicionales y uno de robo con intimidación. Debe pagar 15.000 euros a un menor y 5.000 a otro por los daños morales causados. El joven, Nicolás E.C., que ya había sido condenado por la Sección Primera de la Audiencia Provincial y por la Sala de lo Civil y Penal del TSJN, recurrió la resolución pero su apelación ha sido desestimada. El acusado recurrió porque entendía que en la sentencia no existe una concreción respecto a la supuesta intimidación ejercida sobre las víctimas para cometer las agresiones, pero el Supremo entiende que las sentencias previas valoraron correctamente las pruebas y que la intimidación hacia los dos menores fue manifiesta.

Los hechos se iniciaron el 12 de mayo de 2016, sobre las 16.30 horas, cuando el acusado se encontraba en las inmediaciones del civivox del barrio de San Jorge de Pamplona, cuando se acercó a un joven, menor de edad. Este esperaba a un amigo para entrar a estudiar al recinto, pero el acusado le abordó, le pidió tabaco y se le acercó de forma intimidatoria. Le dijo que le faltaban tres gramos de cocaína y le acusó al menor de ser quien los tenía, a la vez que le agarraba fuertemente del brazo y le metía en los servicios, diciéndole que iba a registrarle. Allí cerró el pestillo, se puso delante de la puerta y obligó a desnudarse al menor para cometer la agresión sexual (conviene recordar que la agresión se produce cuando hay intimidación y fuerza en el ataque contra la libertad sexual). Después, registró la cartera del chico, se apropió de diez euros , le quitó el móvil y le amenazó para que no dijera nada porque “tenía amigos en el barrio que se encargarían de pegarle una paliza”. La Audiencia, refrendada ahora por el Supremo, ya expresó en su sentencia que la víctima se había sentido coaccionada y atemorizada por la actitud violenta e intimidatoria del encausado, así como por las coacciones, agresión y amenazas de las que fue objeto.

otra agresión a los tres díasLa segunda agresión ocurrió solo tres días después, en la madrugada del 15 de mayo de 2016, en las inmediaciones de una discoteca del barrio de San Juan. Allí, el acusado se acercó a un menor, le manifestó que tenía dos hombres colocados junto a dos de sus amigos y que él le tenía que acompañar porque le había quitado su cocaína y le iba a cachear. Le dijo que si no la tenía le dejaría marcharse y que le invitaría a una ronda de chupitos. Como el menor le contestó que no tenía nada, el acusado se puso agresivo, le dijo que le había visto cogerla y que propinarían una paliza a sus amigos si no le acompañaba. El procesado dirigió a la víctima hacia el barrio de San Jorge y fue reiterando las amenazas al menor, a la vez que añadía detalles intimidatorios y fabulados. Por todo ello, dice la sentencia, el menor se sintió atemorizado y llegó a temer por su integridad física y por su vida. El acusado le introdujo en un portal, bajó en ascensor hasta el garaje y le quitó la cartera, el móvil y le obligó a desnudarse. Allí cometió la agresión, creyendo el menor, según el fallo, que no iba a poder salir con vida de allí. Le volvió a amenazar, al decirle que sabían quién era y que si le denunciaba iría a por él.

TRASTORNOS POR DROGASLa madrugada en la que sucedieron los hechos, el acusado se encontraba bajo los efectos de alguna droga o sustancia psicoactiva que afectaba de forma leve a sus facultades. El procesado padece un trastorno disocial de la personalidad y un trastorno por dependencia a múltiples drogas y otras sustancias psicoactivas, con un prolongado historial de consumo.

etiquetas: condena, agresion