Editorial de diario de noticias

Es tiempo de construir

El controvertido desalojo del Gaztetxe ‘Maravillas’, una operación fallida ya que el local fue reokupado unas horas después del fin de la operación policial, pone un punto y seguido en una tensa semana tras la judicialización del tema

Sábado, 18 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Tras el torbellino de acontecimientos de las últimas 24 horas en torno al gaztetxe y la espiral de comunicados, posicionamientos, declaraciones cruzadas, tuits, imágenes y vídeos, desalojo y reokupación a las pocas horas, toca echar el pause y reflexionar. Ante la imposibilidad de rebobinar, hay que mirar al futuro aprendiendo del pasado pero, sobre todo, serenar el presente. Es momento de ampliar la perspectiva en lugar de cerrar el zoom;de construir en lugar de destruir;de dialogar en lugar de monologar;de llenar en vez de vaciar;de la autocrítica en lugar de las críticas;de destensionar en lugar de encrespar... La controvertida historia del edificio del Marqués de Rozalejo, que tras muchos años abandonado había vivido su transformación en gaztetxe con la okupación iniciada hace 11 meses, desembocó en una tensa semana de cuenta atrás -una vez judicializado el asunto- con el colofón de un desalojo que resultó fallido, ya que el inmueble fue de nuevo okupado por la tarde dejando en el aire la incógnita de qué ocurrirá a partir de ahora, de si se procederá a un nuevo desalojo dentro del mismo proceso judicial o habrá margen para otra salida. Como sucedió con otras ocupaciones anteriores (Zapatería 40, etc...), quizá su aportación neta a futuro será la de evidenciar la necesidad de un uso social y público de este lugar. Esto conecta con la prioridad de dotarlo -con la mayor brevedad pero con el máximo de consenso- de un sólido proyecto público y plural, sea el de Instituto de la Memoria o el que se decida. Lo que no es incompatible con redirigir las actividades de estos jóvenes a otro espacio alternativo. El desalojo ha sido un mal desenlace de un debate intenso. Podría haber sido mejor, pero también mucho peor. De esto sí que hay precedentes en anteriores legislaturas... No es justo comparar este caso con el Euskal Jai, ni en fondo ni en forma, aunque es entendible el malestar vecinal y social por las cargas. Pero el auto judicial y la última negativa a reunirse de Maravillas no dejaba muchos resquicios. El Gobierno, en este callejón legal, posiblemente no podía hacer otra cosa. El Ayuntamiento, quizá sí. Toca mover ficha. Pero no es momento de reproches cruzados entre los actores del cambio. Habilitar espacios de autogestión juvenil no es fácil, aunque se han dado avances. Y es que este tema sectorial no debería convertirse en una crisis política e institucional de primer nivel entre alcaldía y ejecutivo o entre fuerzas progresistas. Por mucho juego político subterráneo y ruido electoral que pueda haber nadie debería olvidar que el reto no es sacar más votos que su socio, sino revalidar en las urnas el cambio que demanda la mayoría social ante una derecha que disfruta del espectáculo.

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