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Juez de línea

Otro borrón y cuenta nueva

Por Félix Monreal - Sábado, 18 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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Como decíamos ayer... La realidad es que, si como parece, Diego (Martínez) abandona Osasuna en junio, detrás no dejará nada, ninguna aportación, ni al estilo ni a la plantilla. Nada que fijar en la memoria del osasunismo. Tierra quemada. Y eso es un año perdido. (29 de abril)

El frustrado proyecto de Osasuna en la pasada temporada -el del rival a batir, el equipo candidato aventajado al ascenso en agosto, el de los once fichajes y patada en el culo a la cantera- solo se ha cobrado una víctima relevante: el entrenador Diego Martínez. Aunque casi a regañadientes por parte del director deportivo, Braulio Vázquez, que le profesaba una fe inquebrantable, la cabeza del técnico gallego fue entregada a la afición para aplacar los ánimos de los más contestatarios y de una masa desilusionada que apuntaba con sus dardos a Luis Sabalza y Fran Canal. Sin embargo, hasta los más críticos con las decisiones del presidente y del director general (¿quién de los dos tiene más capacidad de decisión...?) se dieron por satisfechos. La parte más débil cargaba con la porción más gruesa del fracaso (la que en realidad corresponde a sus autores intelectuales, los tres anteriormente citados) sin que tampoco el técnico pudiera aportar argumentos sólidos para justificarse, más bien todo lo contrario. La apuesta por el ascenso o nada quedó en eso, en nada: en la pérdida del estilo, en la falta de conexión con la grada, en la debilidad como local, en el desamor de sus delanteros de refuerzo con el gol y en el veto a la presencia de canteranos en la alineación durante todo 2017 y 2018. Lo dicho, un año perdido. Y tras esto, otro borrón y cuenta nueva. A ver qué sale ahora...

Retorno a los orígenes En este sexto proyecto de Sabalza en cuatro años hay un indisimulado intento de conformar una plantilla que responda a los deseos de la afición. Para empezar, al nuevo entrenador no hay que explicarle lo que es Osasuna, lo que espera su hinchada del equipo (sobre todo en El Sadar) y cuáles son los fundamentos que le deben hacer reconocible sobre el campo. Jagoba Arrasate ha demostrado en el Numancia que tiene capacidad para armar equipos con carácter y disciplina;grupos que pelean los puntos, bien cerrados cuando no tienen el balón y con capacidad en el despliegue rápido (de poco toque) y en las jugadas a balón parado. Viene Arrasate del Numancia despertando expectativas como en su día lo hizo Miguel Ángel Lotina (1999-2000), dos perfiles con ciertas similitudes y expuestos también a las mismas urgencias en los planes del club para el retorno a Primera. Ese maná...

Una Primera B El poso adquirido por Arrasate en los últimos cinco años y el conocimientos de la Segunda división deben aportar lo que necesita Osasuna en una temporada con dificultades multiplicadas por la abrumadora concurrencia de contrincantes con un largo historial de presencia en la máxima categoría, clubes con solera y con amplia masa social detrás. Podría incluso hablarse, sin exagerar, de una Primera división B por la presencia de diez equipos que están entre los 22 históricos que más años han participado en Primera desde 1928. Huyendo del cartel de favorito, Osasuna prefiere salir como tapado;ha seleccionado más las incorporaciones buscando jugadores que, como Íñigo Pérez, encajan en esa idea más tradicional de un Osasuna brioso y agresivo. A primera vista el grupo no parece, de inicio, tan potente como el que se puso en manos de Diego Martínez;se han ido Quique (un delantero al que el entrenador no le sacó todo el fútbol y el gol que lleva en sus botas) y Torró, además de la baja por lesión de Sergio Herrera, que aleja del campo durante unos meses a uno de los elementos más regulares y determinantes en el pasado curso. La elección del portero, de Rubén en este caso, es determinante para las aspiraciones de los rojillos.

Guiños a la cantera En ese intento por recuperar la confianza de la afición, es significativo también el retorno de Imanol García. En los despachos del club dicen que se fue por dinero y que vuelve despreciando ofertas más importantes. Ese no es un asunto relevante: el problema fue dejarlo marchar mientras la plantilla acogía a cedidos con poco futuro. A tomar en cuenta también los minutos que han disfrutando en pretemporada Javi Martínez y Endika, así como la presencia del juvenil Herrando. Porque este nuevo proyecto no puede ni debe ser ajeno a los profundos cambios realizados en Tajonar después de que los dos equipos escaparate de la cantera, el Promesas y el juvenil de División de Honor, tocaran fondo. Si la base del edificio no es estable (todo lo que puede ser cuando los clubes con más poder económico arrasan con los críos más talentosos...), ordenada y reconocible, la cúspide acaba por ser reflejo de esa desorganización y falta de referencias.

Con todo lo malo del pasado año, esos guiños de los responsables del club (el entrenador, la cantera, los fichajes...) bastan para animar al osasunismo, un sentimiento que pese a los avatares sufridos desde 2014 (o como una reacción ante ellos) no ha hecho sino fortalecerse, cerrar filas y convertirse en el único patrimonio sólido e inquebrantable que tiene el club pese a tanto error de sus dirigentes, contratiempos y desilusión dentro y fuera del campo. Después de tanto borrón...