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Huelga aérea: pesadilla de vuelta a casa

Varios navarros se han visto afectados por los parones de empleados de aerolíneas que reclaman mejoras laborales

Un reportaje de Unai Yoldi Hualde - Domingo, 19 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Xabier Angulo, Julen Onieva y Javier Pinto, en su viaje a Malta.

Xabier Angulo, Julen Onieva y Javier Pinto, en su viaje a Malta.

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Xabier Angulo, Julen Onieva y Javier Pinto, en su viaje a Malta.

Lo que prometían ser las vacaciones del año, en las últimas semanas se están convirtiendo en un infierno para miles de personas que se han visto afectadas por las huelgas de trabajadores de compañías aéreas que reclaman mejoras en sus condiciones laborales. De esta manera, las aerolíneas se han convertido en el mayor dolor de cabeza de sus usuarios que, a golpe de cancelaciones y retrasos, han visto con rabia e impotencia cómo sus vacaciones han acabado con mal sabor de boca.

Ejemplo de ello son Sonia Martínez y Edorta Almagro, una pareja, vecina de Pamplona, que buscó un hueco a finales de julio para visitar Londres. El viaje fue estupendo, aunque dio un giro de 180 grados cuando se disponían a volver a la capital navarra. La huelga de trabajadores de Ryanair hizo que llegasen con 28 horas de retraso y 750 euros de coste adicional.

“El 31 de julio teníamos un vuelo Londres-Biarritz con Ryanair. Cogimos el tren que nos llevaba al aeropuerto de Stansted y al llegar nuestro avión no salía en las pantallas de salida”, relata Sonia, que estaba tranquila puesto que tenían los billetes en el móvil.

Sin embargo, las colas inmensas en el aeropuerto y la ausencia de su vuelo en las pantallas hicieron que sus temores se convirtiesen en realidad: “Miré mi correo y vi que, hacía tres horas, la compañía nos había notificado la cancelación del vuelo y nos avisaba de que nos podían reembolsar el coste de los billetes o podíamos adquirir un vuelo alternativo”. Al no saber muy bien que hacer, Sonia y su marido decidieron ponerse a la cola de una interminable fila de personas.

“Mientras hacíamos cola nos avisaron de que los trabajadores de Ryanair estaban en huelga y que la compañía catalogaba la situación de extraordinaria, por lo que los pasajeros no teníamos derecho a indemnización”. No obstante, el Ministerio de Fomento recordó la pasada semana que las cancelaciones por paros del propio personal de una aerolínea no son una circunstancia extraordinaria, por lo que tiene la obligación de abonar compensaciones económicas, de entre 250 y 600 euros.

Tras varias horas esperando en la fila sin avanzar, Sonia y Edorta preguntaron a un trabajador del aeropuerto qué era lo que podían hacer: “Nadie de Ryanair nos vino a dar explicaciones y allí nos dijeron que lo mejor era que nos buscásemos un hotel”, señala la pamplonesa.

Entre el cansancio y la resignación, la pareja decidió ponerse en contacto con una agencia de viajes de Pamplona que enseguida les consiguió un hotel y un vuelo alternativo al día siguiente. En vez de salir de Stansted, su nuevo trayecto despegaba de Gatwick, por lo que tuvieron que pasar tres horas en el autobús para llegar allí. Además, en vez de volar a Biarritz, donde tenían cogido otro autocar para desplazarse hasta Pamplona, el nuevo avión llegaba hasta Bilbao. “El resultado total han sido 28 horas de retraso y un gasto de 750 euros en los billetes, el hotel y el autobús”, comenta Sonia, quien asegura que ya han reclamado a la compañía.

4 horas de retrasoMenos complicado pero igual de estresante ha sido el viaje de vuelta de tres amigos de Berriozar que pasaron la primera semana de agosto en Malta. Julen Onieva, Javier Pinto y Xabier Angulo eligieron la isla mediterránea para relajarse unos días y desconectar de la rutina de la fábrica en la que trabajan los tres. “Después de pasar unos días muy a gusto el 10 de agosto volvíamos a Pamplona y en el aeropuerto nos dijeron que el vuelo iba con algo de retraso. Ya nos temíamos lo peor”, relata Julen. Su avión despegaba a las 00.10 horas y 40 minutos antes se personaron en la puerta de embarque: “Vimos que había gente esperando y nos avisaron de que el retraso iba a ser de 4 horas”, recuerda Javier. Los berriozartarras viajaban con Vueling, que también está sufriendo huelgas de sus trabajadores.

Finalmente, a las 3.30 de la mañana pudieron embarcar en el avión, donde les explicaron que habían tenido un problema técnico. “Cuando nos lo dijeron nos sonó bastante a excusa”, apunta Xabier. Los tres amigos se encontraban ya en el aire mientras comentaban que por lo menos habían tenido la suerte de que el vuelo no se les había cancelado. Lo que no sabían es que todavía les quedaban unas cuantas horas de tormento: “Aterrizamos en Barcelona y tardamos más de 45 minutos en bajarnos del avión porque, según ellos, el aparato no tenía sitio para aparcar”. Una vez en El Prat fueron a recoger sus maletas que, para más inri, en ese momento estaban en un avión que se encontraba en Tánger. “Había un trabajador para atendernos a más de 300 personas y nuestras maletas no aparecían. Era todo un caos”, afirma Julen.

Al cabo de más de dos horas, los tres amigos vieron aparecer sus maletas y, sin haber podido pegar ojo en toda la noche, cogieron el coche y pusieron rumbo Pamplona. Al final, llegaron seis horas tarde, que también fue el tiempo de más que su coche estuvo en el parking del aeropuerto. “Esperemos que la compañía nos dé alguna compensación”, indica el joven.