VOCACIONES ARTÍSTICAS

Diana Iniesta se hace sitio en el mundo de la pintura

Lo dejó todo en Catalunya para refugiarse en Erratzu, donde por noveno año consecutivo expone sus creaciones en el antiguo lavadero

Fernando Anbustegi / Juan Mari Ondikol - Domingo, 19 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Diana en su taller de pintura, con un cuadro de la serie ‘Paisajes’, que se puede admirar en la exposición del lavadero de Erratzu.

Diana en su taller de pintura, con un cuadro de la serie ‘Paisajes’, que se puede admirar en la exposición del lavadero de Erratzu. (JUAN MARI ONDIKOL)

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Diana en su taller de pintura, con un cuadro de la serie ‘Paisajes’, que se puede admirar en la exposición del lavadero de Erratzu.

Erratzu- Diana Iniesta Benedicto, apunten su nombre. Si no la conocen, tienen una oportunidad hasta el 2 de septiembre en el antiguo lavadero de Erratzu (Baztan), donde expone sus cuadros, inéditos, bajo el título en HARLEMen 2018. Un juego de palabras en euskera y castellano. ¿Qué tendrá que ver Harlem con Erratzu? Vamos despacio, todo llegará. No es la primera vez que Diana expone en el lavadero, y tampoco será la última, seguro. Por noveno año consecutivo, la catalana afincada en Erratzu expone en su pueblo. Catalana de Sabadell, hace doce años lo dejó todo para dar rienda suelta al amor que sintió por el entorno. “Necesitaba un cambio”, nos dice. Llevaba una vida solvente económicamente, trabajó en altos cargos de diferentes multinacionales, hasta que en 2006, dejó su trabajo en el diario La Vanguardia y se vino a Erratzu. Anteriormente, ya había venido al pueblo, participando en un curso de pintura. Erratzu la sedujo, y unos años más tarde vino para quedarse. Diana es una mujer muy inquieta y emocional, con mucha pasión. Estudió Turismo, también es psicóloga, habla catalán, inglés, francés, alemán, castellano... y pronto euskera, seguro. Tiene un curriculum que cualquiera desearía. Pero Diana si es algo, es pintora. Desde muy pequeñita lo tenía claro, pintaba y pintaba, y nunca dejó de hacerlo. Fíjense, a los dieciocho años, Diana se escapó de casa para ir a Madrid a ver una exposición de Velázquez, del que quedó prendada. “¡Descubrí a Velázquez a los dieciocho!”, nos comenta sorprendida, antes de confesarse velazquiana. Su perseverancia y formación ha sido constante, y sigue siéndolo. Muestra de ello, ahora sí, hablaremos de Harlem. De Nueva York, de Max Ginsburg, un maestro de la pintura figurativa contemporánea, de The Art Students League, donde este año por tercera vez, desde finales de enero hasta principios de marzo ha estudiado. Y está preparando el viaje del próximo año. Está maravillada con Nueva York, con su proceso de formación, con su trabajo, y con el camino que está haciendo. Se le nota feliz, contenta, porque al final está encontrando el sendero por donde seguir, está encontrando el futuro de su arte, su estilo propio. Al hablar de ello, los ojos de Diana brillan de una manera muy especial, te atrapa, habla y no dice cosas, las transmite. Lo mismo que transmiten sus lienzos. Transmite y retrata sus emociones, a través de trazos largos, a corazón abierto. Movida por la emoción de los más vulnerables, Diana siente lo que ve y ese sentimiento lo plasma en sus creaciones. Desde retratos realizados en Nueva York o en su estudio de Erratzu hasta paisajes de Baztan o Biarritz. Todo ello se puede admirar en el antiguo lavadero. La exposición cuenta con cinco series de cuadros: Emotiva, Studios and Sketches, In somnia, en HARLEMen y Paisajes. Además de sus pinturas, la exposición incluye “life vídeo”, fotografías y poemas, realizados durante su estancia en la Gran Manzana. Y como novedad y sentido homenaje, Diana incluye la obra de otros pintores en su exposición: pintores ya célebres que fueran sus profesores, de aquí y el otro lado del charco, como el mítico Peter Cox o el querido José María Apezetxea, ambos fallecidos el año pasado y en los que la artista tiene a dos de sus máximos referentes junto con Mikel Esparza, de quien exhibe también un boceto que el pintor hiciera a Diana ahora hace dos años en su estudio de Pamplona. El pasado viernes inauguró la exposición rodeada de amigos, entre ellos Pello Fernández Oyaregui, así como el grupo musical Lamia. Hasta el próximo 2 de septiembre la exposición permanecerá abierta de 18.30 a 21.00 horas