la carta del día

Pañuelico rojo, pañuelico azul

Por Susana Aragón Fernández - Lunes, 20 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Mi padre es de Bermeo y mi madre de Burlada. Los dos pueblos empiezan por B y no están muy lejos uno de otro. Son dos pueblos muy diferentes, sobre todo porque Bermeo es un pueblo a orillas del mar Cantábrico y Burlada está a las orillas del río Arga. Cada uno tiene lo suyo, sí. A mi padre le encanta Bermeo y a mi madre le encanta Burlada. Tengo abuelos y tíos en los dos pueblos y he ido mucho a los dos. En cuestión de habitantes, los dos rondan los 18.000 más o menos.

Bermeo huele a salitre y a pescado. Sus calles traen recuerdos de historias de marineros y pescadores o arrantzales, como allí les dicen. Hombres y mujeres fuertes, unidos en la lucha por la supervivencia en la pesca de aquellas ballenas que eran su alimento. Sal, sudor y mar. En Bermeo todo huele a mar. Y seguramente por contagio de su mar, Bermeo es azul y azul es el color de las fiestas. La gente viste de azul, como si de repente todos se convirtieran en arrantzales o quizá haciendo honor así a tantas generaciones de bermeotarras que vivieron vinculados al mar. Cuando vamos a fiestas de Bermeo, sean Madalenas o sean Andramaris, el color de la fiesta es azul. Azul por todos los lados: las camisas y ropa de la gente, el pañuelo… todo se convierte en azul. Y hablando de sabores, Bermeo sabe a pez y a txakolí. También sabe a guindillas o piparras y a otros productos de la huerta, pero sobre todo, su sabor también viene del mar.

Burlada huele a viejo pueblo de labradores que creció y creció, a veces no muy ordenadamente, creció y acogió a gente de otros lugares. Acogió y sigue acogiendo. Burlada huele a sus propias raíces vinculadas a la tierra y al aire traído de esos mil lugares. Huele a huertas y a Nogalera. Huele a sol y fuego. Si tuviera que buscar un color para Burlada creo que sería un abanico de colores para todo el año y para las fiestas el blanco y el rojo. El blanco como la camisa blanca recién planchada de los labradores en día de fiesta. Y el rojo adornando esa camina reluciente y alegrándola con su chispa. El rojo que comparte con tantos pueblos de Navarra en fiestas. El blanco y el rojo de Burlada son una explosión de música y de alegría.

Nosotros, que vivimos a unos mil kilómetros más o menos de Bermeo y de Burlada, siempre que podemos nos acercamos por uno y otro pueblo. Nos hace mucha ilusión. Disfrutamos de esos olores, esos sabores y esos colores que nos enlazan con nuestros antepasados. Hay algo difícil de explicar en lo que siento en uno y otro lugar. En el momento de ponernos en el cuello los pañuelicos a cuadros azules y blancos que la amatxi nos tiene bien preparados en las Madalenas de Bermeo, comenzamos a fundirnos con todos los del pueblo. Y lo mismo en casa de los abuelos de Burlada, ese pañuelico rojo con la camisa blanca de la fiesta nos zambulle en la fiesta y nos hace unos burladeses más. Algo me dice que pertenezco a esos dos pueblos aunque no viva ahí.

Después de faltar unos veranos, éste he vuelto a los dos pueblos y me he encontrado con algo que no me explico. Cada vez hay más burladeses que llevan el pañuelo arrantzale, el de cuadros azul y blanco. ¿Por qué será? Lo he comentado en la familia y los tíos Luci y Rafa, que viven en Valencia dicen que no sólo es el pañuelo de los pescadores vascos, que es el mismo pañuelo que llevan en las Fallas. Así que he buscado por internet y ¡justo! Busco pañuelo arrantzale y pañuelo fallero y el resultado es el mismo: el mismo pañuelo.

A mí, si me preguntan, en Burlada me gusta más el rojo, que es el que siempre me he encontrado por aquí, por Pamplona y por tantos pueblos que celebran sus fiestas. Ese rojo alegre y vivo contrastando con el blanco. Y en Bermeo, el derroche de azul, azul precioso como su mar.