Agresiones a docentes

Por Nekane Oroz - Lunes, 20 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

durante el curso 2017-2018, el número de agresiones comunicadas al Servicio de Prevención de Riesgos Laborales del Departamento de Educación ha sido 178, de las cuales 165 (93%) fueron cometidas contra el profesorado. La activación del protocolo desarrollado por el Servicio de Recursos Humanos del Departamento de Educación ha permitido visibilizar un hecho que llevaba tiempo produciéndose y reproduciéndose y que, sin embargo, no había sido abordado con rigor hasta esta legislatura.

La puesta en marcha de esta herramienta y su conocimiento por parte de docentes y equipos directivos ha propiciado la detección del problema, las derivaciones a las y los profesionales correspondientes y su cuantificación. Ahora, el colectivo docente sabe que existe un protocolo que se activa cuando se produce una agresión. Antes, no. En este punto resulta inevitable la comparación con otro gran problema social: la violencia de género. La sociedad actual ya no se plantea si hay más violencia contra las mujeres de la que había, porque ha quedado meridianamente claro que el mayor número de denuncias es posible gracias a la concienciación social del problema y a la existencia de leyes e instrumentos para hacerle frente.

Un ejemplo: si se produce una agresión, el o la docente dispone de un protocolo de actuación que contempla la gravedad de la agresión, la asistencia sanitaria, la comunicación al cargo superior jerárquico, la denuncia y el asesoramiento legal. Es decir, que las y los docentes tienen a donde acudir cuando sucede uno de estos casos y esta es la primera parte en la detección del problema. No obstante, la mejor manera de evitarlo es la prevención y en este ámbito estamos trabajando en la difusión del protocolo de actuación y de la figura responsable de prevención de riesgos en los centros o la implementación de planes de convivencia o coeducación. Porque también queremos que el alumnado sea capaz de elegir su proyecto vital, desde la libertad, la diversidad de opciones y aprendiendo a identificar las desigualdades y a luchar contra ellas;reto que busca el programa de coeducación Skolae, junto al programa Laguntza para hacer frente al acoso escolar y crecer en el respeto a los demás.

Padres y madres, un actor clave

Esta cuestión no puede circunscribirse sólo al ámbito específico de la administración educativa y las aulas. Los padres y madres tienen mucho que decir: involucrarnos en la educación de nuestros hijos e hijas, potenciar sus habilidades y su espíritu crítico, así como prepararles para los retos vitales que tendrán que afrontar como personas adultas. Y eso, a veces, no ocurre. Un ejemplo: la población escolar actual está constituida por un alumnado nativo digital que posee un gran dominio en el manejo de las redes sociales, mediante las que exhibe una imagen de seguridad ante los demás. Sin embargo, esa habilidad desaparece cuando tienen que llevar a cabo gestiones académicas. Llama la atención la presencia cada vez mayor de padres, y sobre todo madres, que acuden a la universidad para gestionar la matrícula de sus hijos, piden información para un traslado de expediente o incluso la revisión de un examen. Esta situación sería impensable hace una década.

Respetar y valorar a las y los docentes

Respetar e incluso admirar a las y los docentes es el reto que debemos fijarnos como horizonte. Y en este escenario ideal, además de la administración y los padres y madres, debemos incluir a la universidad. Es nuestra obligación formar a este colectivo de forma exquisita porque ellos van a ser los transmisores del conocimiento para la generación del futuro. Miremos a los países nórdicos, al nivel de su educación y a sus resultados académicos. Y miremos al prestigio del que gozan los docentes, un referente para estas sociedades en las que el colectivo docente se considera un impulsor esencial. Por esta razón, existen grandes dificultades para acceder a las facultades de Pedagogía y para obtener una plaza como docente.

Este nivel de exigencia debe ser bidireccional, debe tener su reflejo en la actitud y aptitud del alumnado que accede a los grados de maestro/a, en la exigencia académica, en el propio ámbito universitario de grado y postgrado, en las oposiciones y en la evaluación del periodo de prácticas de los candidatos a convertirse en funcionarios/as. En todos estos temas trabajamos tanto el Departamento de Educación como la universidad, introduciendo medidas para la selección de las y los mejores y la exigencia a la medida de la tarea que les va a ser encomendada: la formación de las futuras generaciones.

La visibilización de las agresiones al colectivo docente es el primer paso de una gran cadena en la que igual o mayor importancia tiene la prevención de estas conductas que se solucionarán cuando se produzca un refuerzo del prestigio y la autoridad del profesorado y la necesaria implicación del colectivo de padres y madres en la educación de su hijos e hijas.

La educación es una tarea colectiva. Abramos entre todos un periodo de reflexión.

La autora es directora general de Universidades y Recursos Educativos