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Un penalti firma la primera historia

MAL ESTRENO LIGUERO | Osasuna cae en el campo del Mallorca tras completar un encuentro muy discreto, con problemas en defensa y mínima presencia en ataque

Javier Saldise / Agencia LOF - Lunes, 20 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Lago Junior dispara pese a la oposición de Nacho Vidal y Unai García.

Lago Junior dispara pese a la oposición de Nacho Vidal y Unai García. (LOF)

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Lago Junior dispara pese a la oposición de Nacho Vidal y Unai García.

Palma- El inicio del segundo episodio de esta estancia en Segunda División se saldó con una derrota de penalti en el campo de uno de los recién ascendidos pese a su renombre, el Mallorca.

No fue un buen partido por parte de Osasuna, que sólo estuvo un cuarto de hora en cierta posición de comodidad, el principio del encuentro, hasta que el conjunto local se fue quitando la presión inicial de los rojillos y se hizo con el mando y el ritmo del choque. Algunos fallos defensivos y la casi nula presencia en el ataque castigaron a Osasuna en el día de su debut.

Con un entrenador nuevo, otra vez con un notable puñado de futbolistas venidos de fuera, ahora con una aparente vitola de equipo fuera del cajón de favoritos, Osasuna comenzó este maratón de trampas que resume este torneo con un típico partido de la categoría, en el que un rival pasa de dominado a dominador con facilidad pasmosa y en el que la cesión de metros, la claudicación ante el empuje, puede resultar letal.

El debut en el campeonato de Arrasate y los suyos presentaba el interés acumulado de futbolistas nuevos y bajas obligadas y la resultante en el primer once. Más de media alineación distinta a la de cualquiera de las presentadas la pasada Liga fue la primera seña de identidad cuantificable ayer en Palma. Juan Pérez en la portería, los fichados Nacho Vidal e Iñigo Pérez, los regresados David García y Olavide, incrustados en una idea menos especuladora de fútbol, y con una numerosa presencia de futbolistas de la casa, siete, así se presentó Osasuna. El desarrollo del partido atenuó los fulgores iniciales del once.

Tras haber disfrutado un cuarto de hora de partido en el campo del Mallorca, sin un solo apuro, tan sólo Juan Pérez tuvo que intervenir en un disparo cruzado de Lago Junior. Incluso exhibiendo un tono superior de juego, Osasuna se fue viniendo abajo en el primer acto. Una sucesión de córners, producto del alboroto en defensa, hizo al equipo local salir de su campo y expandirse con peligro creciente por las proximidades del área de Osasuna. Tanto mejoró que se metió definitivamente a su afición en el bolsillo, crispada por la primera caída de Castro en el área rojilla que no fue sancionada con penalti. El equipo de Arrasate, tras una primera puesta en acción más que correcta, se fue rindiendo al empuje de su oponente y no fue capaz de probar al meta local en toda la primera mitad. Tan solo varios disparos desviados de Oier e Iñigo Pérez endulzaron su estadística.

El penalti sí pitado por derribo de Unai a Castro a un minuto del descanso y el gol ejecutado por Abdón Prats dejaron a Osasuna herido, con la evidente sensación de que los problemas del primer tiempo sólo habían llegado tras una concesión de metros y juego que siempre resulta peligrosa.

El Mallorca, un grande desfigurado tras el deterioro que supone haber caído a la Segunda B, quiso imponer el brío del recién llegado, la ilusión de quien sube un peldaño en el escalafón de categorías y también la obligación de quien debuta en su casa. El estado desangelado de su grada, engañoso por la peculiar construcción, intentó estar a la altura del evento, y el comportamiento del equipo y la actuación del árbitro acabaron por darle el empujón definitivo para bufar como en las buenas tardes.

Su regreso al encuentro tras el paso por los vestuarios le hizo mantenerse en ello, y creer. El Mallorca entró en la segunda mitad mejor que Osasuna, que siguió sufriendo más de la cuenta en defensa y sin aparecer en el ataque. La línea de tres por detrás de David Rodríguez seguía sin conectar y, unos metros más atrás, donde Iñigo Pérez y Oier gestionaban el asunto de creación y demolición, tampoco encontraban caminos para los suyos a partir de sus funciones. Una versión de Osasuna poco peligrosa era la que se estaba imponiendo por encima de todo. Tan marchito estaba el panorama por delante que Nacho Vidal se plantó en el borde del área rival en una acción meritoria e inusual para un lateral, que armó la zurda incluso para el disparo, tirando de los suyos, agitando la campana para despertar al personal en el juego de ataque.

Osasuna firmó el primer disparo entre los tres palos mediado el segundo acto, en el minuto 22, por mediación de Roberto Torres, pero que fue solventado finalmente por el portero local, Reina. Arrasate hizo cambios para animar esa vis ofensiva, dando entrada a Brandon y Juan Villar en el campo en lugar de unos desafortunados David y Barja, cuando quedaban más de veinte minutos de partido por delante. Los rojillos seguían sin tener el control, pero al menos el Mallorca se mostró más contenido, quizás también convencido de que a estas alturas de la tarde había que mantener el resultado y no morir de locura.

Brandon realizó el segundo lanzamiento a puerta, a diez minutos del final, que no arregló la imagen desangelada en el perfil de ataque de los rojillos. En el final del partido, un gol de chilena de Nacho Vidal fue anulado por juego peligroso. Fueron los minutos de descontrol en los que Osasuna creyó poder empatar.

Más que el resultado, que escuece, en este campeonato casi eterno, el primer día es de recolecta de impresiones. Y Osasuna se presentó aún verde.

etiquetas: osasuna, mallorca