Mesa de Redacción

Rozalejo, vuelta al discurso de la derrota

Por Joseba Santamaria - Martes, 21 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

La okupación, el desalojo y la posterior reokupación del Palacio de Rozalejo para reconvertirlo en el gaztetxe Maravillas deja nubarrones con sombras alargadas. Habrá derivadas judiciales con responsabilidades penales para los protagonistas del asalto a este espacio de propiedad pública tras romper un precinto judicial, policiales, sociales, vecinales y políticas. El paso del tiempo dictaminará el alcance de sus consecuencias para sus diversos protagonistas, desde el Gobierno de Navarra a la estabilidad del cuatripartito, que si ya estaba tocada por la crisis interna de Podemos ahora lo está aún más, y a los propios responsables de esta okupación ilegal. Pero sobre todo ha puesto en cuestión los mimbres del cambio político y social en Navarra. El cruce de reproches entre los cuatro partidos que sostienen al Gobierno de Barkos señala, además de la diferencia de opinión y criterio sobre este caso concreto, la urgencia electoral que asoma ya en los espacios plurales del cambio a nueve meses de las elecciones. Quizá la mayoría de los jóvenes que protagonizan esta okupación -muchos menores- lo hacen convencidos de la bondad supuestamente revolucionariade sus acciones, pero la dirección política que ha alimentado las consignas y el discurso del gaztetxe Maravillas estos días no ha ocultado su intencionalidad de atacar directamente el modelo de cambio que se puso en marcha en Navarra en 2015, con la persona de Uxue Barkos como principal objetivo, pero sin dejar de señalar a Joseba Asiron o a otras referencias institucionales de ese modelo político. Una regreso al discurso de la derrota, el mismo que posibilitó con su maximalismo inútil décadas de gobiernos de UPN, PP y PSN, en el que puestos en la balanza los logros sociales, políticos e institucionales del cambio y la regeneración democrática y en otra la okupación de un espacio público por unas decenas de jóvenes para un tiempo que tiene fecha de caducidad, se presenta como resultado la imagen tan idílica como irreal de Maravillas como camino único. No lleva a ningún sitio concreto, como siempre, sino al viejo cuanto peor, mejor, o si tiene que volver el viejo régimen, que vuelva. El regreso al eslogan tópico de la lucha es el único camino de consecuencias impredecibles, pero siempre negativas desde el punto de vista humano, social y político, dice todo de este absurdo. La entrañable pinza de siempre que protagonizan los portavoces del anterior modelo político -da igual mezclar antisistema, con radicales, subida de impuestos, euskera o cualquier otro mantradel pasado-, en alegre sintonía con los nostálgicos de una supuesta vanguardia revolucionaria de iluminados, para quienes aquellos que no comulgan con sus verdades absolutas son cómodos burgueses, añade el resto. Desde el principio el cambio tenía su peor enemigo no en los partidos y poderes fácticos del viejo régimen, que están ahora con los mismos síntomas de agotamiento que en 2015, sino en los aledaños esencialistas del propio cambio, allí donde anida el todo o nada, y si no es el todo, mejor la seguir en el erial de la nada. No sé si los partidos del cambio recuperarán la senda del acuerdo, pero creo que los mimbres de 2015, pese a los logros incuestionables aún con los errores, han quedado muy tocados por la intransigencia de imponer una okupación azuzada también por intereses políticos particulares a los intereses generales de la sociedad navarra.