Ternera de Navarra: la realidad no apunta al optimismo

Por Fermín Gorráiz Echamendi - Martes, 21 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

el pasado 20 de junio se celebraron elecciones para designar al nuevo Consejo Regulador de la Indicación Geográfica Protegida Ternera de Navarra / Nafarroako Aratxea, que dirigirá dicho organismo durante los próximos cuatro años. Un nuevo equipo de trabajo que va a continuar con la labor de pelear por que se garantice una certificación de máxima calidad de cara al consumidor, además de contribuir al desarrollo y sostenibilidad de nuestro territorio.

Durante casi un cuarto de siglo, este Consejo Regulador ha luchado por dar a conocer un producto propio, autóctono, valorizando por encima de todo un sello de calidad que le distingue de otros competidores. En ese intervalo de tiempo, se han ido produciendo avances que no se pueden obviar, pero también se ha caído con demasiada frecuencia en la autocomplacencia, en análisis tan positivos como alejados de la realidad. Dicen que el halago debilita y en la situación actual, esa máxima responde de manera precisa a la peliaguda etapa en la que se encuentra el sector. Basta aportar algunos contundentes datos para confirmar sin medias tintas que la presente coyuntura no invita precisamente al optimismo y que queda mucha tarea por realizar a corto plazo.

Continuo descenso en el consumo Cierto es que la mayor parte de los productores, de mejor o peor manera, según los casos, lograron sobreponerse a los picos más acentuados de la reciente crisis económica. Pero no lo es menos que esas negativas sensaciones han acabado por pasar factura a los índices de consumo de nuestro producto. Las cifras no engañan. A lo largo de 2017 la demanda fue descendiendo hasta llegar a un 7% de caída, punto álgido de una tendencia que ya venía manifestándose en la última década. Lo peligroso es que esa nociva proyección no solo no se ha detenido, sino que desgraciadamente ha continuado. En este primer semestre de 2018 el despacho de carne de Ternera de Navarra ha decaído entre un 8 y 9% respecto al que se produjo en el mismo periodo de tiempo de hace un año.

No existe relevo generacional Con perspectivas tan poco halagüeñas, una de las consecuencias principales es que las expectativas laborales a futuro no acaban de seducir a las próximas generaciones. Otra vez, los datos son categóricos. El número de productores se ha visto reducido en algo más del 20% en la última década, pasando de 630 a 502, fruto de las continuas jubilaciones. Lógicamente, también ha disminuido el número de cabezas de ganado adscritas a nuestro Consejo Regulador, mermando en casi el 13%, de 18.673 a 16.376, en el mismo periodo de tiempo. El porvenir ganadero en Navarra corre serio peligro y es obligado adoptar medidas cuanto antes para corregir este vacío generacional.

Porque lo que está en juego no es únicamente la pervivencia de un sector importante para la economía navarra, también la subsistencia de nuestro ecosistema rural. Los ganaderos, con nuestro trabajo diario, no solo contribuimos a buscar la mejora de la oferta cárnica, también sostenemos el tejido poblacional de muchas pequeñas localidades, precisamente las más vulnerables a su desaparición. Nuestra influencia no se queda ahí, pues cuidamos del entorno, con el mantenimiento de caminos, bosques y pastizales, lugares que luego son de tránsito y disfrute de otros ciudadanos que viven en zonas urbanas.

Un complicado equilibrio en el que todos tenemos que poner de nuestra parte. Los ganaderos estamos obligados a generar y ofertar un producto cárnico que avance cada día más en parámetros de calidad. Para ello, en Ternera de Navarra / Nafarroako Aratxea disponemos de una herramienta que no deja lugar a la duda, la trazabilidad. Consiste en una serie de procesos de identificación y control que nos permiten conocer todos los datos de la carne que comemos desde que nace un animal hasta que llega a su lugar de comercialización.

Llegados a ese punto, los distribuidores también deben contribuir a la satisfacción del consumidor final. Hay que apostar por una venta de cercanía al cliente, en la que haya un profesional especializado al otro lado del mostrador que disponga de los conocimientos necesarios para explicar las ventajas y beneficios alimentarios y sanitarios de un artículo de calidad, a diferencia de la apuesta por el precio que vienen realizando últimamente ciertas cadenas y grandes superficies.

Que el ciclo productivo llegue a buen puerto dependerá en su última fase de que los consumidores sepan darle preponderancia a la calidad sobre otros aspectos. Somos conscientes de que ha habido un cambio brutal en nuestros hábitos de consumo, pero los ciudadanos deberíamos preguntarnos sobre si esas nuevas costumbres nos llevan hacia el camino correcto o, por el contrario, nos dirigen hacia un callejón sin salida, a más no tardar.

Desde Ternera de Navarra / Nafarroako Aratxea, con el apoyo inestimable de las instituciones, apostamos por unas prácticas alimentarias que redunden en un tejido socioeconómico sostenible y solidario que ayuden al mantenimiento de nuestras zonas rurales. Aún a riesgo de ser alarmistas, nada de ello será posible sin la cooperación de los actores implicados en esta complicada batalla contra la mal llamada liberalización de los mercados. Si trabajamos en común, sin duda todos saldremos ganando en esta difícil contienda.

El autor es presidente de la IGP Ternera de Navarra / Nafarroako Aratxea