Se produce un desgarro

Luis Beguiristain - Miércoles, 22 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

tal vez una de las cosas más difíciles de lograr en esta vida sea conjugar la empatía y el desapego emocional. Al estar con una persona hemos de ser empáticos con ella, entender que su problema en la vida es similar al mío. Todos caminamos en lo trascendental hacia la muerte. La empatía nos convierte en unidad, pero el desapego nos obliga a transmitir aquello que nace en el fondo del espíritu. Si una persona ha reflexionado mucho en la vida y en la muerte, y como fruto de ese trabajo duro de años, comprende ciertas verdades, al tratar de transmitir, lo primero, lo está haciendo con su propia energía vibratoria, y en segundo lugar debe plasmarlo con la palabra y los gestos.

Es verdad lo que decía en un artículo Fabricio de Potestad sobre la intimidad, el derecho y deber de utilizar en ciertas circunstancias nuestra máscara personal. Si hemos de transmitir a otra persona un reflejo de ese trozo de la verdad profunda de la vida que hemos logrado desgranar, ¿cómo lo hacemos? ¿Con frialdad? Así sería sin empatía, a lo bruto. Y eso no funciona porque la otra persona despliega su concha protectora y ya no admite recibir nada. Ahora bien, si le permitimos exponer algo y le escuchamos con atención, y acto seguido somos conscientes de usar la voluntad para decirle una cosa, que a lo mejor quiere oír o no quiere oír, pero al final puede quedar pensativo sobre una señal que le hemos transmitido, eso sería el desapego.

La vida nos ha puesto en una familia y entorno por algo, y hemos de mimar eso porque nuestra vida está regida por el espíritu, y en ese entorno hemos de crecer y desenvolvernos nosotros y nuestros seres queridos. Pero en el plano del espíritu nuestro entorno abarca también la humanidad, y no hemos de olvidar eso.

La política de derecha es insensible a las personas y trata de manipularlas todo lo que puede por defender su poder material y su ego. El ego de muchas personas muy ricas. Pero si la izquierda se deja arrastrar por el odio y la venganza, y directa o indirectamente alimenta el terrorismo, eso provoca más guerra y no podríamos salir de ese bucle. Aquella persona que trata de ser realmente neutral, porque intenta revivir la muerte como si fuese presente, puede llegar a experimentar un verdadero desgarro en el alma y en parte también en el cuerpo. Uno se siente extremadamente solo y desconcertado. Son cosas difíciles de explicar y por eso se necesita utilizar la máscara. A lo mejor uno tiene que practicar y mostrar paciencia y amabilidad, pero en el fondo está agotado por sus debilidades en el cuerpo, por sus tensiones mentales y psíquicas, y también por ese temor a la muerte y a la incertidumbre sobre su futuro que está ahí como una constante. Pero, ¿qué ganarías tú transmitiendo todo eso al otro, si él no está viviendo la misma circunstancia que tú o en ese grado de profundidad? Él no te podría comprender y te sentirías peor que antes. Y por otra parte, ¿qué ganaría el otro, si le transmites que a veces vives con los pelos de punta por miedo a no ser capaz de resolver y superar tus problemas más básicos? Pensaría: “Éste es amigo de la muerte, me voy corriendo”.

A las personas que se consideran de verdad valientes para mirar a la muerte de manera consciente y de tú a tú, les sugiero leer estos dos libros de Carlos Castaneda: El Fuego Internoy El Conocimiento silencioso. Meditar en esas expresiones: El estar consciente de ser, el ensueño, relacionado con el conocimiento silencioso. El desapego y la importancia personal. El acecho y esa cosa tan dramática... mover el punto de encaje. ¿Qué será todo eso? (El contacto con el intento y acallar los diálogos internos).

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