Una noche íntima y bonita

Por Teobaldos - Jueves, 23 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h

concierto de mayte martín

Intérpretes: Mayte Martín, cante. Belén Maya, baile. Conjunto de cámara. Armonizaciones: Joan Albert Amargós. Programa: Sus ojos se cerraron, tango de Gardel. Temas de M. Martín con letras propias y de Rafael de León, Lorca…: La mujer del pirata, Acaríciame por dentro, No me maltrates la vida, Gacela del amor imprevisto, Bulería,Si te he visto no me acuerdo, Me siento sin piel, Antes de ti. Programación: Festival Flamenco on fire. Lugar: sala principal del Baluarte. Fecha: 21 de agosto de 2018. Público: casi lleno el patio de butacas (30, 45 euros).

Eso fue, en resumidas cuentas el recital de Mayte Martín: sobre todo, muy íntima. La cantante catalana se sincera con el público leyéndonos -cantándonos- su diario. Porque, comenta, casi todos los temas ofrecidos pertenecen a un diario sonoro que lleva, un continuo tomar apuntes que ordena y vuelca, de vez en cuando, en su guitarra. Y que luego canta y comparte con sus incondicionales seguidores. Mayte se mete, así, en un recital donde prevaleció el tempo adagio, para aportar calma y sentimiento a unas canciones que, fundamentalmente, cantan al desamor -qué coñazo, suelta la cantante, con un gran sentido del humor, al referirse al carácter de sus canciones-. Y en su voz, en su estilo, se acomodan unos textos muy poéticos, que llegan perfectamente pronunciados al espectador, y que ahondan en esos sentimientos: Me siento sin piel, Acaríciame por dentro… etc.

Después de la presentación del festival y de los artistas, por la directora de la única revista en lengua alemana dedicada al flamenco, Mayte Martín sale a escena arropada por un cuarteto de cuerda clásico, más un contrabajo, la percusión y la guitarra. Ella misma se acompaña, también, con la guitarra, que, por cierto, le dio bastante guerra para afinarla a su gusto. Y, en algunas canciones, Belén Maya, una bailaora ecléctica, subraya y dibuja, físicamente, la atmósfera de la música. La voz de Mayte Martín sale siempre luminosa, afinada, transparente a la letra, con ese efecto tan agradable de tirar hacia arriba;y, a la vez, es una voz con el suficiente cuerpo como para transmitir fuerza y queja, cuando se lo propone. Su fraseo es impecable, con ese muy discreto adorno aflamencado en algunas vocales. Para esos temas, limpios, de composición nada compleja, que llegan directamente, Joan Albert Amargós hace unos acompañamientos mucho más complejos, cercanos a los cuartetos de los románticos clásicos -casi atmósferasschumanianas o brahmsianas, a veces-;con lo que, algunas introducciones sorprenden y parecen no tener mucho que ver con el tema que luego desarrollará la cantante. Por otra parte -y aunque, gracias a Dios, la amplificación fue discreta- la orquesta de cámara amplificada nunca puede suplir a la gran orquesta que recrea los temas propuestos. A veces había un exceso de grosor en esos acompañamientos, sin que, taparan a la solista, claro, cuya voz sale siempre.

La velada transcurrió, así, muy del agrado del público, sin sobresaltos;pero también tuvo sus puntos álgidos: en Mayte, el tango de Gardel, Sus ojos se cerraron, que fue una demostración de fuerza interpretativa, con voz carnosa, un punto hermosamente rajada -sin perder la claridad- y un dramatismo rotundo. Suscitó encendidos bravos. Y en Belén Maya, entusiasmó el baile con bata de cola, excelentemente movida, con algunos pasos que van más allá del flamenco, pero siempre en su órbita. Ciertamente, todo lo que se arrimaba más al flamenco, para mí, tenía un plus, como la buleríade cámara, un tema que se salía un poco de la tónica de la noche.

Tempo Rubato, es el título de su espectáculo. O sea, tiempo robado. En la interpretación musical, la capacidad de alterar, con la aceleración o ralentización, el tempo de los valores escritos. Y es que si en algún estilo musical manda el rubato, es en el flamenco y sus derivados. Mayte Martín, roba al flamenco esas muy bellas vocalizaciones que pueblan sus temas. Es de donde viene, dijo la cantante. Pero a mi me hubiera gustado alguna exhibición más de los palos;por lo menos de esos de ida y vuelta, que no se prodigan. Una propina, y el público aplaudiendo en pié. Ella agradeció la intimidad compartida y su buena acogida.