La vida de un pozo, la historia de un burgo

Por Víctor Izco Cruz - Jueves, 23 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

es de suponer que los primeros pobladores del burgo de San Cernin necesitaran agua allá por el 1077 una vez decretado el Fuero de Jaca por Sancho Ramírez que dio paso a este poblamiento.

Dadas las particulares condiciones de la capa freática de la ciudad de Pamplona que hacen sencilla la extracción de agua mediante la construcción de pozos es lógico presuponer que las necesidades de abastecimiento de agua fueron cubiertas a partir de estas instalaciones en el día a día de nuestros antepasados.

Bien conocidos son algunos pozos de esta vieja ciudad que dejan testimonio de nuestro pasado medieval. Pozo Blanco, que da nombre a la calle, o el pozo de San Cernin, cuya leyenda otorga a sus aguas el haber servido para bautizar al patrón de la ciudad. También nos encontramos algunos pozos sitos en el interior de algunas casas, bajeras y comercios perfectamente datados, estudiados y restaurados.

Los pozos resultan interesantes para la historia y la arqueología por el testimonio vestigial que se puede extraer de su estudio arqueológico que a menudo saca a la luz, desenterrando entre sus estratos, algunos objetos interesantes que quedaron sumergidos en el pasado. Baste recordar los peines y el cáliz medieval encontrados en las excavaciones llevadas a cabo en uno de los pozos descubiertos en las obras de restauración realizadas en el Palacio del Condestable y que fueron expuestos debidamente en el Museo de Navarra.

La reciente apertura como plaza pública de la Belena de las Pellejerías, situada en la trasera del Palacio del Condestable, nos ha descubierto una sorpresa de incalculable valor: tres pozos, uno con parte de su brocal original y un abrevadero de piedra tallado en una sola pieza, supervivientes a la historia y al expolio por haber permanecido relativamente ocultos hasta ahora. La primera datación aproximada que podemos encontrar de dichos pozos nos habla de su existencia presumiblemente al menos desde el siglo XIV según averiguó en su día el Dr. Arazuri y tal y como queda reflejado en los trabajos sobre el abastecimiento de agua de la Comarca de Pamplona realizados por David Alegría Suescun. Ambos investigadores hacen referencia a la existencia en el barrio de las Pellejerías de tres pozos de propiedad vecinal que muy probablemente resulten ser los indicados y sobre los que esperamos que los expertos puedan en breve arrojar más luz a este particular.

Estos tesoros medievales encontrados tras la apertura de la Belena se encuentran en muy mal estado, sin restaurar y sin estudio arqueológico correspondiente, algo relativamente fácil de realizar para lo que solo se requiere entrar por la apertura de su boca y excavar en sus estratos.

Desde la asociación Piparrika, que se encarga de gestionar este espacio cedido por el Ayuntamiento y conocido principalmente por haber desarrollado en él un huerto vecinal, se ha realizado una investigación en distintos archivos hasta conseguir suficientes indicios como para entender la importancia de estos bienes arqueológicos sin catalogar. Estas investigaciones se elevaron al Departamento de Cultura del Ayuntamiento y a Príncipe de Viana. Hoy es el día en que debemos agradecer a los técnicos y responsables que nos atendieron el haber tenido en cuenta dichos estudios y el haber facilitado la coordinación entre diferentes departamentos para hacer posible un programa de actividades arqueológicas para el mes de septiembre. Desde el Condestable y gracias a la colaboración del Área de Participación del Ayuntamiento se han programado actividades y charlas sobre arqueología en el Burgo de San Cernin, dentro del programa Descubre Pamplona, abiertas al público interesado en participar y en las excavaciones que se llevarán a cabo. Se puede solicitar inscripción o solicitar información a través del 012.

Estamos francamente ilusionados con las expectativas que una prospección arqueológica de esta índole puede aportar a esta ciudad y al cuidado de su historia. El estudio, datación y catalogación de estos bienes será sin duda una buena noticia para la historiografía y para entender mejor el proceso de desarrollo urbano que se dio en nuestra ciudad durante el medievo.