Mesa de Redacción

Y los toros mirarán hacia otro lado

Por Joseba Santamaria - Viernes, 24 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

que hay un debate social creciente sobre el maltrato animal y más en concreto sobre los festejos taurinos es una evidencia. Y seguramente visto lo que se trata de encubrir con la famosa muleta de la tradición culturalo el eslogan político de la fiesta nacional irá a más y ganando posiciones entre la ciudadanía. Que ese debate también está latente en Iruña alrededor de los Sanfermines y en otras localidades navarras, también lo es. Forma parte de la cotidianidad de cualquier sociedad democrática normalizada. Las nuevas generaciones a veces tienen perspectivas, percepciones y opiniones diferentes a las que les anteceden. No hay nada extraño. Defender la eliminación de los espectáculos taurinos no es un ataque a ninguna esencia inmutable de una forma de ser colectiva inamovible, como pretender argumentar algunos arrimando el ascua a la sardina a sus intereses partidistas. Lo contrario, defender la tauromaquia en su esencia más pura, tampoco es una abominable muestra de bestialidad cavernícola. En mi caso, no entiendo hoy los Sanfermines sin los encierros ni la Feria del Toro -creo que Iruña es de vez en cuando aún uno de los últimos refugios de aquello que fue la batalla ancestral entre toro y humano-, pero también veo que es posible que, aunque no me guste, llegue a ver unos Sanfermines sin la Feria en la Monumental. Hay realidades a las que el paso del tiempo les pasan por encima. Pero me gustaría saber qué piensan los animales de que un autodenominado Frente de Liberación Animal se dedique a hacer el tonto en su nombre. Ese debate entre animales me trae a la cabeza Rebelión en la granja, seguramente acabaría igual. Y el estrambótico nombre del grupo me recuerda a la grandiosa La vida de Briany a las secuencias irónicas de la pugna entre el Frente Popular de Judea y el Frente Popular del Pueblo Judaico. Sería para reírse si su ataque a la sede del Club Taurino de Pamplona -como antes al vallado del encierro o los Corralillos del Gas- no hubiera supuesto un coste de 18.000 euros y su objetivo declarado no fuera otro que hacer daño, censurar y perseguir al que piensa diferente. Les llegarán los problemas y los toros mirarán desentendidos hacia otro lado.