Rozalejo como estrella del escorpión encadenado

Por Juan Carlos Pérez Álvarez - Viernes, 24 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

siempre que se coge lo que es de todos para servir a los intereses de unos particulares se está capturando lo de todos para el uso y disfrute de unos pocos. No puede haber política más reaccionaria. Se pone a la altura de la desamortización del comunal en el siglo XIX. Una privatización de suelo e inmueble público con oscuros y nunca fiscalizados intereses y actividades. Y es que la naturaleza del escorpión es picar a la rana, aunque eso suponga hundirse los dos en medio del caudaloso Arga.

Rufus Excalibur Ffolkes le dijo en 1979 a la primera ministro británica que no podía negociar con terroristas. Si lo hacía y pagaba el rescate por la plataforma Jennifer(y no ser volada con explosivos) cualquier desalmado con un bote de remos haría lo propio y tendría uno de esos cada semana. Decían neutralizar la amenaza. Bien es cierto que esto es parte de una película de ficción y el protagonista es Sir Roger Moore. Secuestro en el mar del Norte. Y que no es exactamente el mismo caso. Pero el principio no deja de ser válido y aplicable.

Veamos. El marqués de Rozalejo participa, desde el lado realista, es decir, de defensa de la monarquía universal hispana, en las lucha por la independencia de los virreinatos de América. Perú concretamente. A su vuelta se hace isabelino y apoya a los así llamados “liberales”. Y ataca con ello los fueros de Navarra, que poco después dejará de ser Reino y lo que ya sabemos mediante el libro de José Antonio Beloqui, que merece ser leído. Y muere en Miranda de Ebro a manos de su regimiento por no recibir su soldada. Bien. Casi dos siglos después se plantea el escenario del palacio del marqués de Rozalejo para la noble tarea de ser receptor del Instituto de la memoria de Navarra. Fundamentalmente por los hechos sucedidos entre 1936 y 1939, pero seguro que hay espacio para las anteriores y posteriores situaciones de conflicto y dolor a amplias capas de la sociedad de Navarra. Y es que la memoria ha de ser completa para ser digna de tal nombre. Y que ya recibió apoyo presupuestario en pasados ejercicios dentro del marco del gobierno del cambio.

Ahora bien. A unos muchachos, que se acuerdan de Barkos y Solana, pero no de Beaumont y Asiron, van y ocupan el palacio. Sabiendo el destino que se le quiere dar. Sabiendo que es un bien de propiedad pública. Y ese es un grave problema. Porque la ley debe ser respetada, sobre todo porque no queremos que mañana un grupo de jóvenes en nombre de Esparza llegarán al despacho de Uxue Barkos y lo ocuparan en nombre de alguna razón. No sería la primera vez en la historia de Navarra que aparezcan unos beaumonteses para echar a unos agramounteses. Y si es posible, hay que evitarlo. Cumpliendo y haciendo cumplir la ley.

Hemos de comprender que el desalojo de las personas que ocupan ilegalmente el palacio de Rozalejo es un imperativo ético y normativo que hay que cumplir. Hay retos muy importantes que superar. Y la oposición no es ayuda precisamente, sino lo contrario. El legado del régimen en Navarra es muy pesado y harán falta varias legislaturas para ordenar la herencia en saldo positivo. Y todo ello, cambiar las cañerías del edificio foral, sin dejar de fluir el agua (el Ragnarok foral no ha llegado). Porque eso es foralidad. Renovar el espíritu y la letra de la ley sin salir de Navarra, sin imposición externa alguna. Porque no es por su bien una modernización ilustrada desde fuera, como pretendía el marqués de Rozalejo. Y eso merece memoria y desagravio. Como las víctimas de la última guerra civil. Y eso se conseguirá desde el día en el que el palacio este disponible. Para todas y todos.

Finalmente solo resta señalar lo obvio. Se han producido encuentros y conversaciones. Y el grado de compromiso con las demandas de los ocupantes, en otro espacio, era del 90%. Cosa solo posible con este gobierno. Con otros gobiernos en el ayuntamiento y la Comunidad, hubiera sido cero. Hay que ser pragmático y saber ceder. Saber llegar a acuerdos. Pero con los intransigentes, hay que ser firmes, llegado un punto y momento. Se puede elegir, aunque puede ser que el punto de no retorno ya se haya sobrepasado. Quien sabe. Tal vez exista una última oportunidad. Que elijan sabiamente. Y las instituciones públicas deben velar por el interés público. Y proyectar el recuerdo del ayer en un mañana de convivencia. Para todas y todos. Ese y no otro es el compromiso de Solana y Barkos con navarras y navarros.