los txuri-urdin se pusieron con 0-2

¡Sálvese quien pueda!

EMPATE | Una Real que volvió a las andadas en la segunda parte no consigue aguantar un 0-2 y ve cómo pierde dos puntos en el descuento

Sábado, 25 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Willian José trata de derribar a Cuéllar, portero del Leganés, en el partido de anoche en Butarque.

Willian José trata de derribar a Cuéllar, portero del Leganés, en el partido de anoche en Butarque.

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Willian José trata de derribar a Cuéllar, portero del Leganés, en el partido de anoche en Butarque.

Un punto y gracias. Una pena. La Real no tiene remedio. Aunque se ponga 0-2, sea con el entrenador que sea, la puerta de sus partidos siempre se queda abierta. Y, como es lógico, en cualquier momento puede llegar el mazazo. Tan cierto es que el Leganés igualó casi sobre la bocina, como que podía haber hecho media docena de goles ante un adversario superado, acongojado y sin reacción ante la que le estaba cayendo encima. Triste que se le escape un triunfo así a esta Real que, aunque no lo crea, sufrirá las secuelas de las reminiscencias del pasado. El carácter y la personalidad se tienen o no se tienen y, si se intentan cambiar, desde luego no se consigue de la noche a la mañana.

Como había declarado la víspera, Garitano tiró a la basura el papel del partido de Vila-real y comenzó un guion nuevo desde el martes, cuando empezó a planificar el duelo ante el Leganés. El técnico optó en esta ocasión por el equipo y el sistema que utilizó durante doce minutos en la segunda parte de la primera jornada, que se saldaron con el tanto de Juanmi en el primer balón que tocó, que les dio los tres puntos. Un 4-4-2, con las novedades de Zurutuza y el de Coín en detrimento de Pardo y Merino, el planteamiento que más había repetido en pretemporada y el que todos esperábamos en el estreno.

Tras la espumosa salida del Leganés, que arrancó mordiendo arriba, como había adelantado Garitano, la Real se situó bien en el campo y en cuanto se adueñó del balón, se sintió superior. Con su dominio, primero provocó que su rival, acobardado, retrasara su posición, y después le asestó dos golpes directos al mentón dejándole grogui. Ambos llegaron tras una buena opción de Juanmi después de un mal control que definió sin demasiada convicción con su pierna izquierda. Y, lo más curioso es que los dos goleadores fueron clave en el origen de las jugadas que arrancaron en la izquierda y se cocinaron en la banda derecha con una nueva conexión que promete mucho entre Oyarzabal y un Zaldua supersónico.

En el primero, Zurutuza cambió de banda a Mikel, quien proyectó al lateral donostiarra para que se adentrara casi en paralelo por la línea de fondo y sirviera un caramelo que solo tuvo que empujar a la red el de Rochefort. Solo seis minutos después, Illarra robó un balón sin hacer falta, como protestó Eraso, Juanmi abrió a Oyarzabal, quien volvió a encontrar a la nueva versión del Correcaminos txuri-urdin que, tras dejar sentado a Jonathan Silva, centró. El esférico tocó en un defensa, Juanmi, el primero que repite en la acción, cabeceó pero detuvo Cuéllar, que ya no pudo hacer nada ante el voleón que enchufó en la red Illarramendi.

Todo iba sobre ruedas, todo era muy bonito y quien más y quien menos imaginaba una noche de lo más completa, como la de hace dos años cuando la mejor versión de la Real de Eusebio dejó sin explicaciones a un resignado Garitano. Pero eso en un club como el donostiarra, es difícil que se repita muchas veces. Y esto no quita ni un gramo a la grandeza de su leyenda. El caso es que en el minuto 27 sucedió la desgracia de la noche. Llorente ganó en un salto imperial una pugna a Carrillo quien, en una acción evitable, le dio el clásico empujón que no parece nada pero que puede provocar una fatalidad. Y así fue. El madrileño se desequilibró, cayó con todo el peso en su tobillo izquierdo y, probablemente, se produjo una de esas lesiones graves que tanto temen los futbolistas. Su imagen, destrozado y desesperado, bañado en lágrimas, fue de las que impresionan a cualquiera. Mientras se retiraba del campo recibió el cariño de Butarque que, comprensivo e impactado, le dedicó una gran ovación. Cuando pasó delante de los cafres que hay en todos los campos, uno de ellos le gritó “Fuera, vasco”. Dio en el clavo: es de Leganés y se rompió a 200 metros de donde vivía. Pero insisto, que no paguen justos por un pecador. La grada, que ya había recibido entre entrañables aplausos a su hijo pródigo, estuvo a la altura en una situación dramática. Bien por la gente de Leganés.

El incidente dejó tocados también a sus compañeros, porque la Real ya solo pudo aguantar el resultado hasta el descanso ante un rival, que jugó bien, intenso, con fuerza y muchos centros al área, lo que puso más en valor el triunfo guipuzcoano. La mejor opción local fue un cabezazo de Siovas a centro de Ojeda que se estrelló en dos ocasiones en el larguero.

En la reanudación, nada más comenzar, con un Leganés más agresivo dispuesto a meterse en el encuentro con un gol rápido, Zaldua dio un manotazo al balón dentro del área que Munuera Montero no consideró penalti. Ni el VAR tampoco. El despeje es indiscutible, como también lo es que el donostiarra no estaba mirando la pelota ni lo hizo con voluntariedad. A partir de ahí, criterio arbitral. Y en cuestión de manos, ya sabemos que el tema en sí es un auténtico expediente X. Poco después se cumplió lo que se veía venir. El Zhar recortó distancias gracias a un sensacional disparo en una jugada en la que Zurutuza llegó tarde. Más de 35 minutos por jugar y esta vez era la Real la que estaba contra las cuerdas. Butarque apretaba mucho y los blanquiazules estaban muy agobiados con la presión desbocada de los pepineros.

Zaldua dio algo de aire a su equipo al rozar la escuadra con un disparo tras otra buena carrera, pero tocaba sufrir. Y mucho. Fue un sálvese quién pueda en toda regla con un bombardeo aéreo que ni en la Segunda Guerra Mundial. El Leganés decidió jugar de forma suicida y casi le sale bien. Rulli flaqueó por alto y salieron vivos de milagro. Los pepineros dispusieron de siete ocasiones claras en los últimos 25 minutos. Con eso queda todo dicho. Uno de ellos los desvió en una de las paradas de la Liga el argentino, otra la salvó in extremis Moreno y a falta de dos minutos para el final, en un despeje que sorprendió a la estresada zaga realista, Aritz dejó botar el balón, un fallo inexcusable para un central, y El Zhar empató. Lo más triste todo, es que poco antes, Willian desperdició un cuatro contra uno conducido de forma majestuosa por Zubeldia. Ahí estuvo el triunfo.

Un empate y un triunfo. Buen bagaje para dos partidos a domicilio pero, si la Real quiere crecer y olvidar penurias y disgustos del pasado, bien hará en comenzar a aprender el oficio de saber gobernar y administrar los encuentros que se le ponen tan de cara como el de ayer en Butarque.