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A todo jazz

Por Teobaldos - Sábado, 25 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h

flamenco meets jazz

Intérpretes: Peña Dorantes, piano. Adam Ben Ezra, contrabajo. Tim Ries, saxofón. Javier Rubial, batería. Pastora Galván, baile. Lugar: sala principal del Baluarte. Fecha: 23 de agosto de 2018. Público: casi lleno el patio de butacas.

Mucho jazz y poco flamenco, puede ser el resumen de la velada que nos ocupa. Eso sí, cuatro formidables intérpretes, juntos y por separado;y una bailaora que, imbuida en ese espíritu jazzistico, mostró, por momentos, un taconeo tan desencadenado que casi, casi, se acercaba al claqué. Ciertamente, el público sabía a lo que iba, o sea, un público de jazz, aplaudiendo las intervenciones individuales sin que terminara la obra, y mostrándose respetuoso y entusiasta -respectivamente- tanto en los tramos íntimos como en el virtuosismo. Amplificación bastante discreta y bien empastada con los instrumentos;penumbra acogedora;y un perpetuum mobile increíble en los intérpretes, que hizo que nunca decayera la función.

.-David Peña Dorantes -piano- es de una familia tan flamenca que en su árbol genealógico no hay quien no se haya dedicado al género. Pero, con esos ritmos metidos en el cuerpo, ha evolucionado hacia un jazz de altísima categoría, con detalles novedosos de tocar el arpa del piano, o de extremar su sordina, no sólo con el pedal, sino con la mano. Su dominio del teclado es absoluto, combina la rotundidad y la fuerza con la pulcritud absoluta de su digitación, con un virtuosismo no circense, sino emocionante. El comienzo que impone a sus músicos es frenético, demostrando ya de entrada, hasta donde pueden llegar;o sea, hasta donde quieran. El segundo tema es más calmo, evoca su barrio de Lebrija;aunque, enseguida deriva a las endiabladas variaciones del jazz. En el tema cuarto (no se nos facilitaron los títulos), es bellísimo el tema del piano, en la mano derecha, sobre el ostinato del contrabajo. En el tema siete, pasa prodigiosamente de una introducción a lo Prokofiev (para entendernos), a un tema popular. En el tema nueve, hace gala de su poderosa mano izquierda -como una orquesta- con la que invita a la incorporación del resto, que se mete en esa sonoridad. ¡Qué bien quedan siempre estas incorporaciones! El detalle de tocar el arpa del piano y emparentar su sonoridad con losglissandos del contrabajo, también es un acierto.

.- Adam Ben Ezra -contrabajo clásico, de armario que dicen ellos, no eléctrico- fue todo un descubrimiento. Jovial y simpático, aparece no se si con sombrero o con kipá -es israelí-. Diría que fue el más flamenco de la tarde porque en el tema que interpretó a solo, hizo que el contrabajo bailara, llorara -esos glissandos-, taconeara, -abundante percusión en la caja-, e, incluso, tuviera la digitación de la guitarra, con su rasgueo y virtuosismo. En el conjunto, fue fundamental su bajo continuo, y sus sobresalientes variaciones.

.- Tim Ries -saxofón-, se pasea, meditativamente, por el escenario cuando toca. Agradeció mucho lo aprendido con Dorantes, y el estar en su formación. Dedicó el tema, a solo, a su hija, presente en la sala. Por supuesto, hizo gala de virtuosismo, sobre todo con su saxo tenor. Pero, a mí, lo que más me interesó fue, precisamente ese tema: una especia de suite para saxo solo. Excelentes sus ataques justos en los saltos bruscos en la escala;matices en pianísimo traídos por un aire cálido de fondo, y un fraseo profundamente sentimental.

.- Javier Rubial -batería-. Aunque no figuraba con letras grandes en el programa, a mí me encantó. Un batería que no quiere imponerse, que da prioridad a las escobillas y a las baquetas con pelusa, que sigue el mismo latido que el contrabajo, abundando en una percusión redonda y no chillona. Y que, además, también se desfogó -elegantemente- en algún tramo solo.

.- Pastora Galván -bailaora-. Esta mujer lo baila todo. Fue flamenca en brazos y manos. También en giros y vuelos. Y demostró virtuosismo en un taconeo que trataba de seguir la avalancha de notas que se dan en el jazz. A veces, un torbellino.

Bravos, griterío, y público en pié. Una propina.