Desmistificación de las fieras: el oso

Por Enekoitz Irujo - Sábado, 25 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

en nuestro continente, tras la era de los dinosaurios, hemos convivido con grandes animales denominados fieras: mamut, tigre sable, oso cavernario, etc. La fauna europea de hoy día es resto de la prehistórica con modificaciones debidas a las glaciaciones, calentamiento global y retirada de los polos... a más de las generadas por la propagación de virus del Nilo o la pérdida natural del hábitat. Quedaron grandes ungulados como el bisonte europeo, el buey almizclero, el alce, el ciervo común descendiendo de tamaño hasta el corzo y carnívoros: el oso polar, el pardo y el glotón, el león europeo (panthera leo europaea) extinto en el S. V, el leopardo europeo, el lobo, el lince, el chacal y el zorro.

La convivencia del hombre con estos animales ha variado mucho desde el pleistoceno, especialmente con el lobo del que aprendió el homo sapiens a cazar en emboscada. Cambiaron las cosas con el progreso de la humanidad al domesticar al ganado, teniendo ya como compañero al perro doméstico, subespecie de lobo, quedando el lobo como enemigo depredador, matándolos sistemáticamente, llevándolos a la casi total extinción en el S. XX mediante el manejo de armas de fuego, venenos y trampas, ayudando en el proceso la modernización de la vida de la gente de los medios rurales. La masa forestal quedó reducida a finales del S. XX a la cuarta parte, la visión moderna mas prolija por el medio ambiente en estos últimos años, ha procurado una repoblación forestal, logrando que la fauna silvestre reaparezca en lugares donde había desaparecido. Los animales que más polémica generan son los carnívoros, lobos y osos, marcados con el epíteto de peligrosos y por los daños que causaban en la ganadería, sustento del hombre.

En la Península Ibérica el primer depredador es el oso pardo (Ursus arctos pyrenaicus) de 1,80 de largo de punta de la cola a hocico, de 1 metro de alto a 4 patas, y 140/160 kilos de peso, el tercer oso más pequeño del mundo. Su nutrición varía de un 30 % de carne, de carroña y ungulados fáciles de cazar: ovejas, cervatillos o animales enfermos, adicto al pescado como la trucha, la madrilla y el cangrejo de río, el otro 70 por ciento es vegetariano, nutriéndose de plantas y arbustos incluyendo las venenosas: setas, tallos, bulbos, raíces y frutos del bosque. Se trata de un animal más omnívoro que carnívoro. Su nutrición se asemeja a la del jabalí.

Como inciso, debe anotarse que poco es sabido que la calidad de la carne obtenida de la caza o la de la ganadería suelta es incluso de mejor calidad que en las zonas exentas, por que los depredadores siempre atacan a las presas más débiles, no a las más sanas.

Para el oso en otoño comienza su letargo que dura hasta mediados de febrero y marzo -a veces en los días as buenos, lo interrumpe-, y habita en cuevas y agujeros o en rocas de difícil acceso para las personas. Pierde en su hibernación el 40 % de su peso corporal y por eso tiende a ataca las ovejas sueltas por el monte que son menos rápidas que un corzo y para recuperar sus proteínas perdidas en el letargo. Su actividad es prácticamente crepuscular y nocturna en Europa central y occidental, diurna y nocturna en la del este.

En la Península Ibérica su distribución abarcaba montañas y zonas húmedas, siendo símbolo de la Comunidad de Madrid, y quedando restringida a las zonas más cársticas e inaccesibles tales como la Cordillera Cantábrica de los Picos de Europa, noreste de Castilla y León, la Cordillera Pirenaica, entre ellas el Pirineo navarro. Su nombre en euskera es artza, tal como se lo denominó en el principio del tiempo europeo. Hace diez mil años.

Lo mantenemos vivo en nuestros montes y casas e historias. Por ejemplo, en el pueblo abandonado de Adansa, hay una casa llamada La casa del oso o Arzetxe en euskera. En historias roncalesas hablan de un pastor a quien el oso ataco su rebaño en el monte: los perros lo delataron con sus ladridos y el hombre con un bastón en alto y a gritos destemplados, espantó al oso que huyó despavorido.

La actitud del oso, como animal salvaje, es escapar del ser humano. Cuando se enfrenta a éste es para proteger a su prole o porque se ha sentido acorralado, pero, como el lobo, encarna lo malo en los cuentos infantiles y leyendas. El oso devorador de hombres en el salvaje oeste y resto de películas.

Si en otros países se ha logrado convivir con estos animales con naturalidad, sin peligro, no hay razón por la que no se pueda lograrlo en Euskadi, pues el progreso no es el acabar con las llamadas fieras salvajes para que nosotros podamos vivir mejor. El gran progreso y a la vez logro civilizador es lo logrado en Churchill, aldea de Alaska: desviaron los restos de supermercados a los vertederos, o como en los Picos de Europa y Pirineos utilizando mastines para cuidar el rebaño suelto. Que guardias forestales los detecten y atajen peligros, y la utilización de drones en el cuidado del monte. Y su flora y fauna.

Un país que destruye su vida salvaje no es un país que progresa sino que retrocede.

El autor es técnico agroforestal