La familia de las hilanderas volvió a Otsagabia

Enseñar y aprender a hilar como hace cien años

Domingo, 26 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 09:15h

De izda a dcha: Milagros Landa y su nieta Amets Rejas, Marisol Landa, Miren Saldías, Sole Inchusta, Ana Cía y Dolores Compains.

De izda a dcha: Milagros Landa y su nieta Amets Rejas, Marisol Landa, Miren Saldías, Sole Inchusta, Ana Cía y Dolores Compains. (UNAI BEROIZ)

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De izda a dcha: Milagros Landa y su nieta Amets Rejas, Marisol Landa, Miren Saldías, Sole Inchusta, Ana Cía y Dolores Compains.

Ochagavia/Otsagabia. Como una familia en la puerta del número 12 del barrio de Labaría, el grupo de hilanderas era ayer uno de los focos de atención en la mañana de Orhipean, la recreación de un día cualquiera de hace cien años en Otsagabia. Una época en la que el mundo rural de la Montaña estaba poblado de tradiciones y oficios artesanos, como lo fue el de la lana.

En perfecta fila, al lado de la esquila y el axote de la lana, mostraban ayer el proceso según lo aprendieron de sus antepasadas: peinar, cardar, hilar, torcer y tejer el calcetín, con herramientas que sus madres y abuelas dejaron en el sabayao a medida que fue desapareciendo el modo de vida de hace cien años. Las hermanas Marisol y Milagros Landa, Amets Rejas (nieta de ésta), Miren Saldías, Dolores Compains, Ana Cía y Sole Inchusta, la familia de las hilanderas, explicaban con total naturalidad al corro de visitantes su modo de hacer y sus razones: "Lo hemos heredado de nuestras mayores y ahora nos toca a nosotras transmitirlo".

Milagros, de 78 años, es la que conoce todo el proceso y lo enseña en cursillos durante el curso. Vaquera que fue con 9 años, hacía ese trabajo en el monte, sin banco donde sentarse, tan sólo con lana y palos. "Ahora comienzo con el lavado de la lana primero en casa en agua templada para quitarle la grasa y aclararla en el agua del río Zatoya. Después, la seco y la guardo para este día".

Ella y su hermana Marisol, de 68 años, son parte activa de Orhipean desde la primera edición, cuando arrancó con una cuadrilla de mujeres mayores que transmitieron su saber hacer con un extraordinario ambiente, que también han heredado. Porque ayer, acompañaban el trabajo de la lana de canciones de siempre en castellano y euskera, entonadas por Miren, nieta de una de aquellas vecinas "de temple", Carmen Camellón, de la que aprendió. "Es una forma de volver al pasado para recordarles y honrarles con la ilusión de recuperar las tradiciones y oficios de aquel tiempo, para que no se pierdan", expresaba.

Milagros asentía y se reafirmaba en que ella continuará enseñando, pero "se perderá si no se practica", sentenciaba. "Es la juventud la que tiene que tirar con esto", añadía.

Mila seguirá llevando al monte los zapiñes de lana hechos por ella misma y tejerá mientras pueda para el día grande de Orhipean, como el resto de sus compañeras, vestidas de amorcias, abuelas otsagiarras, con falda negra, mandarra y derrochando simpatía.