Orhipean Raíces que unen a la tierra

Las calles de Otsagabia acogieron ayer una nueva edición de su fiesta Orhipean, el recuerdo de las tradiciones y oficios del pasado que el pueblo quiere mantener con vida.

Un reportaje de Marian Zozaya Elduayen Fotografía Unai Beroiz - Domingo, 26 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Un joven tira de la bota después del almuerzo de la cuadrilla.

Un joven tira de la bota después del almuerzo de la cuadrilla.

Galería Noticia

Un joven tira de la bota después del almuerzo de la cuadrilla.Jesús Esarte, de Esparza, repartió sus migas pero se guardó el secreto de la receta.Niñas vestidas a la antigua usanza tiran del burro por las calles.La trilla, ausente otros años, congregó gran afluencia de público.Las lavanderas tratan de lavar la ropa en las orillas del río Anduña bajo la atenta mirada de las niñas.Puntadas de hilo y conversaciones entre las costureras en las empedradas calles de la villa.Jesús Agerre con sus hijos, Iker y Beñat, y sus cabras, que llamaron la atención.
  • Flecha Ver anterior
  • Flecha Ver siguiente

Queremos mantener lo que fue la vida de nuestros antepasados para que no lo olvidemos los que de aquí somos y para mostrarla a quien venga”. Con este mensaje arrancó el viernes por la noche la novedosa y espectacular décimo cuarta edición de Orhipean, precedida del fuego de antorchas del akelarre y el color del carnaval.

Otsagabia se vuelca en el deseo de mantener y recuperar lo que un día fue, y para ello todas las familias vacían sus sabayaoscada año, llenos de instrumentos de oficios y tradiciones del pasado que quieren mostrar como una seña de identidad.

Así nació Orhipean, la vida debajo del Orhi hace cien años, la idea singular todavía en el año 2004 y que hoy se mantiene con ilusión y nueva aportación generacional.

“Aquí llevas con orgullo decir que eres por ejemplo de casa Xardoi, y fuera decir que eres de Otsagabia”, apuntaba Amets Rejas mientras peinaba la lana al lado de su abuela, Milagros. A sus 19 años es un ejemplo de la savia nueva que nutre a Orhipean. Como ella, la vecindad se ofrece y arrima el hombro en lo que puede, bien en grupos coordinados, bien espontáneamente, como María Gay, de casa Tintorero, que salía de la tienda con su cesta, ataviada con la camisa de su abuela Paz y los pendientes de su biasabuela, Jacoba.

Como ellas, el cura Livio Ledezma, se vistió con la sotana. “Yo, como uno más del pueblo”, explicaba el párroco con siete fiestas en su haber.

Así familias enteras representando su papel, al tiempo que participaban de la cantidad de actividades y recorrían el completo mercado extendido a lo largo de la orilla del río Anduña, donde las lavanderas lavaban y blanqueaban la ropa.

El escaparate de un día habitual de aquel 1918 incluía el almuerzo de migas que, entre otros, repartía Jesús Esarte, de Esparza, después de cocinar tres calderos para el almuerzo de almadieros, que confeccionaban a su lado un tramo de una balsa de las que utilizaron en su día para el transporte de la madera por el río. Entre ellos, destacaban José Luis Esarte y Arturo Erlanz, siempre dispuestos en los valles de Salazar y de Roncal en todo lo relacionado con el viejo oficio.

ILUSIÓN JOVENA vestir la fiesta salió también, Jesús Agerre, Pitxis, que este año aportó sus cabras como novedad con sus hijos Iker y Beñat y los jóvenes, Alex Sánchez e Iker Etxeberría. Entre sus cabras y el fuego listo para el almuerzo de chulas expresaba la mezcla de satisfacción personal por poder aportar algo a la fiesta y el lamento por la despoblación. “Pensar que hace cien años Ochagavía tenía 1.000 habitantes y ahora vivimos 300...”. Añadía que se empieza a ver ilusión en la juventud por continuar con el ganado. “Vemos un poco de ilusión frenada por las exigencias del Gobierno. Tienen miedo que no les deja disfrutar. Ya no pedimos ayudas, bastaría con que no les pusieran trabas e imitaran al Gobierno francés, más facilitador en esta materia”, apuntaba.

“Somos porque fueron

y tenemos que recuperar y mantener costumbres y tradiciones”

miren saldías

Grupo de hilanderas

Cada cual a su labor, la vida seguía ayer en el pueblo con actividad desde la iglesia hasta la escuela, donde el maestro Patxi Serrano intentaba sacar la clase adelante. Por su parte, el alguacil Patxi Taínta, pregonaba y sancionaba por las calles.

El trabajo repartido lucía en la mañana de mercado y productos artesanos y por la tarde se abrió el espacio de la música y de la fiesta.

“Es como fue, el trabajo primero y la fiesta después”, argumentaba Sergio Itxaso, de la organización que trabaja con empeño desde febrero por mantener la chispa de Orhipean encendida, con ideas que renueven la ilusión por su patrimonio “para transmitirlo y para que no olvidemos nuestras raíces”, concluyó.

en corto

Asociación. La asociación Orhipean tiene su asociación compuesta por 105 socios de cuota, pero el día de la fiesta se dobla y en ella toman parte más de 200.

Dedicación. La asociación comienza los preparativos desde el mes de febrero.

la frase

sergio itxaso “cuando llamas a trabajar, la gente responde”

Uno de los organizadores, totalmente satisfecho por la edición de ayer.