Eva y su taconeo de cristal

Por Teobaldos - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h

‘Carne y hueso’

Intérpretes: Eva Yerbabuena, baile. Paco Jarana, guitarra. Antonio Colomer, percusión. José Valencia, Segundo Falcó y Miguel Ortega, cante. Cristian Lozano, Fernando Jiménez, Mariano Bernal, Angel Fariña, David Coria, cuerpo de baile. Programa: De carne y hueso, de Eva y Jarana. Programación: Flamenco on Fire. Lugar: sala principal del Baluarte. Fecha: 25 de agosto de 2018. Público: lleno el patio de butacas, casi medio el palco (25, 30, 35 euros).

Esta vez Eva Yerbabuena viene eminentemente flamenca. Es verdad que, en sus espectáculos, siempre hay detalles novedosos y vanguardistas: la forma de presentar en escena a sus bailarines, algunos movimientos de brazos, las mil maneras de ponerse el mantón;pero, hoy, se mete de lleno en los claroscuros del flamenco más hondo;con cierto predominio de lo trágico, aliviado por los remates de algunasalegrías. Recordamos aquella silla cubista de su último espectáculo en Pamplona (D.N. 9-12-15). Carne y hueso, lo titula;sin más aditamentos. Eva trae, además, un elenco de cantaores, bailarines, y percusión y guitarra a su altura. Quiero citar en primer lugar al guitarrista Paco Jarana, (creo que es su marido), porque pechó -él solo;es raro que haya solo una guitarra- con el motor musical de la tarde;sin descanso, con una precisión asombrosa en el seguimiento de los bailarines y cantaores. Antonio Colomer -en la percusión- también trabajó lo suyo. Todos descansaban en algún momento;ellos nunca. Soberbios. Valencia, Falcó y Ortega, llevaron el cante muy alto;firmaron un martinete serio y cabal, cantado alternativamente y rematado, casi, en polifonía, solapándose unos a otros;a veces se arrimaban a la bailaora, insuflándole hasta el aliento;y palmearon con un rico triquiteo. El cuerpo de baile que se alterna con Eva, está formado por cinco estupendos bailarines - bailaores, que evolucionan con garra, fuerza, poderío siempre, tanto individualmente como cuando bailan en conjunto;tienen personalidad propia;lo vemos en su salida a escena, uno por uno, presentando unas coreografías muy bien adaptadas a sus respectivas figuras;con toques originales de Eva como coreógrafa en la referencia al payaso, -(Charlot por ejemplo)-, desde el estilo flamenco. Genial. Y, en grupo, unas espléndidas bulerías, en simetría bien cuadrada, cuando se les pedía, con brazos bien puestos y movidos, y giros, y plantes. Esa fue la tónica de los cinco bailarines, demostrada, también, en la farruca. Siempre muy exigente en algunos pasos, como el plante sobre un pié.

Eva sale al escenario sola, y, en silencio, eleva sus brazos hasta trazar un círculo perfecto;tarda un cuarto de hora, -exagerando-, pero crea tal expectación, que ya se ha metido al público en su órbita para la hora y media que durará la función, en la que baila mucho, con intervenciones de veinte minutos. Se marca una sobrecogedora solea, y todo en ella es importante: movimiento de brazos y manos, inclinaciones que parecen salirse de la vertical, pero que siempre le quedan bien, giros, etc;pero es su taconeo lo que más deslumbra. A veces he comentado que se suele abusar del taconeo en el baile flamenco;pero en el caso de Eva, el taconeo es distinto, es más claro e incisivo que otros, se nota que baja a los pies toda la enorme energía de esta mujer. Cristina, nuestra excelente profesora de danza española, me da la clave, tiene un taconeo de cristal irrompible. Y así, sigue la velada, en unos extraordinarios recorridos de tacones por la diagonal del escenario -como las bailarinas en puntas-, unos brazos infinitos, manos cosquilleantes, y austeridad y libertad en el vestuario -el de torera, un poco sorprendente- para la petenera, caña, y algunos finales en alegrías, para que todo no sea tan dramático. Y el mantón: no se puede mover mejor y con tanta variedad de asentamientos;algunos hasta heterodoxos, como pillarlo con las piernas y atrapar los brazos;otros, bellísimos, como el vuelo de pájaros;se lo eche como se le eche, siempre le queda bien, y ajustado por la guitarra.

De todos modos, y sin quitar nada a este magnífico espectáculo en el que todos son muy buenos, los que seguimos incondicionalmente el inigualable perfume de la Yerbabuena, echamos en falta un número con los cinco bailarines, y algún guiño más atrevido. Hubo un momento -corto dúo entre el bailarín, ella y el mantón- en el que parecía que iba a mandar a los hombres a bailar con mantón;por ejemplo. Pero Eva, esta vez, ha estado en la más ortodoxia flamenca.