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No basta con entonar el ‘mea culpa’

En su viaje a Irlanda, país donde ha habido un gran escándalo de abusos sexuales dentro de la Iglesia, el Papa ha vuelto a asumir estos “crímenes repugnantes”, pero falta pasar a las medidas concretas

Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El viaje que ha realizado el papa Francisco a Irlanda para presidir el Encuentro Mundial de las Familias ha estado, de nuevo, mediatizado por los gravísimos casos de pederastia y abusos a menores cometidos en el país por parte de miembros de la Iglesia. En concreto, según el documentado y escalofriante informe de la Comisión Ryan publicado en 2009, más de 25.000 niños y niñas fueron violados en Irlanda por aproximadamente 400 religiosos en un periodo de más de 80 años (de 1914 a 2000), sin que la jerarquía eclesiástica ni las autoridades del país hicieran nada. Esta terrible situación ha generado miles de víctimas, que están reclamando a la Iglesia su legítimo derecho a la verdad, la justicia y la reparación. Por si fuera poco, el reciente informe de la Corte Suprema del estado norteamericano de Pensilvania, en el que un gran jurado relata a lo largo de 1.356 espeluznantes páginas los abusos cometidos por más de 300 sacerdotes contra un millar de niños, ha venido a abundar en la sensación de que los casos de pederastia en la Iglesia han tenido un carácter casi sistémico y han sido si no tolerados, sí en muchos casos encubiertos, ignorados u ocultados por los estamentos eclesiales, cayendo, como ya advirtió el Papa, “en la complicidad”, añadiendo dolor a las víctimas. No obstante, tampoco sale bien parado el Papa de todo esto, ya que el exnuncio en EEUU, Carlos María Viganò, aseguró ayer que comunicó al propio pontífice en 2013 los abusos sexuales del cardenal Theodore McCarrick, pero este no fue apartado de sus funciones hasta el pasado junio. Es verdad que el mensaje del Papa tiene un inmenso valor por la valiente admisión que hace de lo que de manera acertada califica de “crímenes repugnantes” y de su reconocimiento del “fracaso de la autoridades eclesiásticas” al afrontar adecuadamente” los abusos, al tiempo que admite que permanecen “como causa de sufrimiento y vergüenza para la comunidad católica”. Francisco insistió también en la necesidad de “adoptar medidas severas” para acabar con esta “vergüenza” para la Iglesia “y a cualquier coste moral y de sufrimiento”. Sin embargo, el Papa no planteó medidas concretas, lo que defraudó a las víctimas. Es ahí donde la Iglesia y el Papa tienen su mayor desafío: pasar de las palabras -contundentes, valientes y reconfortantes- a los hechos porque no basta con entonar el mea culpa.

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