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Juez de línea

Estado de expectación

Por Félix Monreal - Lunes, 27 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h

La hinchada atenta, peso al solazo, al desenlace de la jugada.

La hinchada atenta, peso al solazo, al desenlace de la jugada. (Foto: Javier Bergasa/Mikel Saiz)

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La hinchada atenta, peso al solazo, al desenlace de la jugada.

Seguimos esperando. Lejos de urgencias y de promesas para mañana mismo, en el osasunismo se ha instaurado el estado de expectación. Un vamos a ver que pasa, de dar tiempo al tiempo. De momento ese Osasuna que la mayoría llevamos en la cabeza, porque es lo que hemos visto en las mejores etapas del club, el canon a seguir, no pasa de un esbozo, de ráfagas de velocidad y llegadas al área, de unos minutos dominantes que aturden al rival. Esa conexión del equipo con la grada, la transmisión de estímulos y la implicación de los unos con los otros, pasa por ahora muy de vez en cuando. Tampoco es fácil;los contrincantes, cuando no tienen grandes jugadores, tiran de recursos colectivos. Lo que ocurre en el caso de Osasuna es que el nivel de exigencia viene dado por la suma de lo anterior: dispone de una plantilla de alta cualificación y ya mostró ayer que maneja recursos para poner el partido a su favor pese a contar con un futbolista menos. Con todo ello y pese a las penalizaciones arbitrales, va componiendo minutos en los que parece que ha inclinado definitivamente el campo, que es el dueño de la pelota y que ha puesto en la diana al marco rival. Sucedió esto un poco antes del primer cuarto de hora, con sendos disparos de Íñigo Pérez y Juan Villar;también en el tramo final de la primera parte y en el inicio de la segunda hasta la expulsión de David García;y con el gol que ponía sobre el verde ese espíritu épico, irreductible, del Osasuna de siempre. Tengo la impresión, después de dos partidos, que este Osasuna en reconstrucción se nos está presentado por fragmentos, como esas series de televisión que avanzan las mejores secuencias para captar el interés: unos segundos de escenas vibrantes y diálogos de impacto que animan a engancharse desde el primer capítulo. Y en esas estamos. Esperando.

Contracorriente.- Tampoco está disfrutando Osasuna de un estreno cómodo. Todo lo contrario. En Mallorca pierde de penalti y le anulan un gol con visos de legal en los últimos minutos;y ayer sufre una expulsión que le obliga a jugar diezmado durante 40 minutos. Vale que los dos centrales rojillos (la pareja del futuro inmediato) no han manejado la agresividad en la disputa del balón con la templanza y picardía que exige el puesto, pero esa facilidad con la que los árbitros castigan a Osasuna con sanciones severas, de las que pasan factura y cuestan puntos, despierta un antiguo recelo. Sobre todo, porque pocas veces ocurre al revés. Pese a los contratiempos, tanto en Palma como ayer Osasuna recobró una capacidad de reacción muy por encima del premio conseguido.

Ajustado.- A quien no hay que esperar más es a Íñigo Pérez. El chantreano, que ya asumió el protagonismo en la segunda parte en Mallorca, fue ante el Elche un jugador hiperactivo y determinante. Mostró el peligro de sus disparos directos de falta, sirvió a Juan Villar el pase de tiralíneas que provocó la falta y posterior gol rojillo, fabricado luego entre los mismos protagonistas. Íñigo Pérez es una apuesta importante porque debe ser el eje de ese nuevo equipo y parece que esta pieza ya está ajustada. Falta el resto. Esperamos expectantes.