Fontana desde la periferia

Por Joseba De la Torre - Miércoles, 29 de Agosto de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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La historiografía española del último medio siglo sería bien distinta sin la figura de Josep Fontana (1931-2018). Perteneciente a la generación de historiadores que transformó radicalmente los modos de hacer historia consagrado por el franquismo de posguerra, Fontana ha sido un maestro de historiadores, uno de los grandes especialistas en teoría de la historia y un referente indiscutible del pensamiento crítico y la enseñanza de esta ciencia social. No es exagerado afirmar que hoy hemos perdido a uno de los grandes historiadores europeos del siglo XX. Sus dos últimas obras,Por el bien del Imperio: una historia del mundo desde 1945 y El siglo de la revolución, de 2011 y 2017 respectivamente, se convierten en su legado más inmediato y sintetizan una trayectoria coherente hasta el final. De hecho, su obra se extiende a lo largo de sesenta años de actividad académica, en los que investigó con nuevas fuentes y métodos el pasado económico del siglo XIX español. El oficio de historiador lo aprendió de la mano de Jaume Vicens Vives, Pierre Vilar y Ferran Soldevila, la tríada sobre la que se erigió la renovación historiográfica catalana a finales de los años cincuenta y que conocería un período de esplendor en los veinte años siguientes. Una nueva generación de historiadores se especializó en la historia económica que se comenzó a enseñar en las recién creadas facultades de Economía. Algunos de ellos además fueron militantes antifranquistas que pagaron su compromiso político. Josep Fontana fue expulsado de la universidad en 1966 por participar en la creación del Sindicato Democrático de Estudiantes y militó en el PSUC-PCE hasta 1980.

El impacto de su obra fue temprano. Su tesis doctoral, de 1970, alcanzó una gran difusión. La quiebra de la monarquía absoluta, 1814-1820 fue algo más que el análisis del final de Fernando VII. Fontana elaboró un modelo explicativo de la transición del feudalismo al capitalismo en las sociedades del sur de Europa inspirado en las herramientas del materialismo histórico. Algo nada frecuente en España. Sin duda su paso por la Universidad de Liverpool, en 1956, le mostró la renovación emprendida por los grandes historiadores marxistas británicos, como Hobsbawm, Rude o Thompson, creadores de la nueva historia económica, social y cultural europea. Mostrándonos las causas del desmoronamiento de la hacienda pública, la formación del mercado o las luchas entre liberales y carlistas para que triunfase la revolución burguesa, Fontana brindaba una mirada critica del pasado con un evidente correlato en la España de los 70. Nace ahí su compromiso de utilizar la historia como herramienta de análisis que ayude, desde el pasado a interpretar correctamente el presente y trazar un proyecto de futuro. Por eso estuvo en las nuevas propuestas para estudiar la II República y el franquismo, ambos regímenes contrapuestos entre la esperanza frustrada del primero y la siniestra dictadura del segundo, cercenador de la democracia y del desarrollo social.

En realidad, fue esa formación en la historiografía europea de vanguardia la que influyó decisivamente en su aproximación a la Teoría de la Historia. No hay historia sin teoría ni filosofía de la historia. Fontana no ha cesado de reflexionar y polemizar sobre los modos de estudiar el pasado y los avatares de las múltiples corrientes historiográficas. Lo culminó con La historia de los hombres (2000), en la que combate la mitología de la idea del progreso como algo lineal en las sociedades humanas. Al contrario, sostiene Fontana que esa es una de las falacias de la historia y que debe ser contrarrestada con la acción del historiador como la conciencia crítica del mundo en que vive.

Por eso la Gran Recesión de 2008 marcó profundamente la posición pública de Fontana. El historiador llamaba a mantener viva la capacidad de razonar, preguntar y criticar. Se radicalizó ese compromiso frente a la desigualdad y la defensa de los sacrificados en el altar de la prosperidad global, ante las que no había que resignarse. Su libro de 2013 El futuro es un país extraño fue una reflexión severa sobre el impacto social de la globalización y la crisis, en el que tal vez imbuido de pesimismo, llamaba a un rearme social frente a las embestidas de una desigualdad que ya nadie cuestionaba. Su historia de la Guerra Fría y del legado de la revolución de Octubre nos devuelve la imagen del historiador que alzó su voz para que los hombres y mujeres de nuestro mundo sean capaces de combatir con la armas de la razón.

Nos hemos quedado sin Fontana. Su legado como historiador permanecerá.El autor es catedrático de Historia Económica, Universidad Pública de Navarra