la carta del día

La España del 155

Por Josu Sorauren - Viernes, 7 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h

el espíritu del artículo 155 está en el ADN del Estado español. Un estado engendrado, nunca por el pacto entre iguales o por una libre adhesión, sino por un despojo vesánico.

Y ahí está la historia, que no es solo una leyenda negra, sino un paradigmático sistema de gestación. No es el único estado, evidentemente, surgido en estas condiciones. Pero es sin duda uno de los más recalcitrantes.

Otros, como el inglés, por ejemplo, aunque su historial sea francamente funesto, llegados a la modernidad, acabaron asumiendo otros postulados más democráticos. La España monárquica nunca.

Los padres de la “patria española” siguen aferrados a las viejas concepciones del nacionalcatolicismo. Ni siquiera han conseguido liberarse “de facto”, de la pringue rancia, inquisitorial y embaucadora vaticanista. De ahí exabruptos tan insensatos como los de algunos chamanes de la beatería, matrimoniando unidad de la patria y ética. Siguen en Trento…

Padres de la patria, bien apuntalados por un unionismo de apariencia progre, pero que no acaban de cruzar los umbrales del XIX.

Y es que no quieren o no pueden asumir, que la voluntad de la mayoría ciudadana -incontestable derecho humano-, está por encima de cualquier ley. Y que esta se expresa en las urnas. Y que en pura democracia no existe ley ni subterfugio alguno que impida hablar a la ciudadanía. Y que cualquier tipo de violencia armada o judicial contra este derecho humano, vístase como se vista -155, o el 8 del ejército garantizador de la unidad-, es un puro ejercicio dictatorial. Algo que muchos creíamos obsoleto, porque desgraciadamente habíamos olvidado, que realmente el espíritu de la Transición había sido un simple cambio de montera.

El hecho es que en esta tesitura vigente está en juego la pacífica convivencia entre naciones pueblos y regiones del Estado. Y que todo pinta a que la única forma de mantener esta ficticia y forzada unidad va a ser el palo y tente tieso. Sin duda, el procedimiento más erróneo para mantener un estado política y económicamente viable.

Cataluña, Euskalherria y -a verlas venir- quién sabe si algún pueblo más, difícilmente aceptan este statu quo. No parece, dado el furor centralista carpetovetónico: el de jueces, fuerzas armadas, creadores de opinión…, que esto pueda arreglarse.

Y es que, para más inri, vivimos en un país donde apenas molesta el insoportable hedor a corrupción, las trapacerías de la monarquía, la inmoralidad insolidaria del capital etcétera. ¿Qué posibilidades de regeneración social, democrática, humana en general nos oferta la España que al mínimo afán soberanista te apunta con el cañón del 155?

¿No es esto lo que a diestra y siniestra está repartiendo el neofranquismo de acá y acullá, cuando no la “progresía” unionista, tan demócratas de trabuco ellos?

Simplemente me pregunto: ¿Por qué algunos españoles se ponen tan mezquinos, impidiendo que otros pueblos emprendamos una aventura hacia otros horizontes más libres y democráticos?