El pañuelo al que se ‘anudan’ los derechos de la mujer


Marivi Salvo | Iban Aguinaga - Sábado, 8 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Elisa Sesma, Pablo Sánchez-Valverde y Mari Cruz Landa, con sus respectivos ‘Iruñeko Zapia 2018’, frente a la Casa Consistorial.

Elisa Sesma, Pablo Sánchez-Valverde y Mari Cruz Landa, con sus respectivos ‘Iruñeko Zapia 2018’, frente a la Casa Consistorial. (IBAN AGUINAGA)

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Elisa Sesma, Pablo Sánchez-Valverde y Mari Cruz Landa, con sus respectivos ‘Iruñeko Zapia 2018’, frente a la Casa Consistorial.

“Este galardón es una forma de reconocer que hubo una campaña de desprestigio por ejercer la legalidad”

pamplona- “Es un premio valiente”. Quien habla es Pablo Sánchez-Valverde, el hombre que sobre finales de los 70 cogió la batuta en la reivindicación de los derechos de la mujer en Pamplona, la primera cara visible de Andraize, aquel centro de educación y salud sexual nacido en 1978 en la Txantrea, por el que después pasarían compañeras ginecólogas como Elisa Sesma o Mari Cruz Landa, y tantas y tantas más. Ayer, estos tres profesionales sanitarios, ellas aún en activo, y Pablo desde su jubilación, fueron reconocidos por la ciudad con el Pañuelo de Pamplona 2018, un galardón que cumple su tercera edición y con el que Iruña reconoce a aquellas personas que han contribuido “a la consolidación de la proyección de la ciudad”.

A Elisa Sesma el galardón le hace una ilusión especial: “Me siento muy orgullosa de mi paso por Andraize. Yo entonces (se refiere a los comienzos del centro) empezaba mi especialidad en Virgen del Camino, y me apunté como voluntaria para ir”. Formalmente pasó al equipo de Andraize en el año 2000 y allí ha estado hasta 2017, siendo su coordinadora en los últimos dos años. En la actualidad, Elisa es la responsable de todos los centros de salud sexual y reproductiva del área de Pamplona, aunque el año que viene tiene previsto jubilarse. “Que se reconozca mi trayectoria personal y la de mis compañeros y compañeras, me enorgullece”. Pero detrás de este reconocimiento hay otras mujeres como Soco Encaje, Celaida Biurrun o Charo Esteban, por citar algunas de ellas, artífices también de “todo el modelo educativo y sexual”, quiere remarcar, aunque, según añade Sesma, “el Ayuntamiento quizá ha querido centrarlo en las tres personas que, de alguna forma, fuimos agraviadas en el juicio del aborto”. Fue en 1987, y los movimientos provida desplegaron toda su artillería en Pamplona en un ataque indiscriminado para estos profesionales que no hacían “más que cumplir la ley”. Por entonces, además, se habían despenalizado los anticonceptivos, aunque, según añade Pablo Sánchez-Valverde, “estuvieron a punto de echarnos por hacer vasectomías”.

“CERCA DE LA CIUDAD” “Si algo ha sido Andraize ha sido un centro muy vinculado a la ciudadanía, un centro de referencia para la juventud actual y para la que fue joven en su día”, explica Elisa Sesma, quien destaca el cariño de muchas personas le transmiten: “Me narran cómo acudieron allí, les contaron las cosas de otra manera, sin juzgarlas y sintiéndose atendidas”. Ese cariño especial, ese recuerdo a aquellas médicas ginecólogas que desmontaban tabúes, que decían las cosas como eran en materia de sexualidad y de salud sexual “sí que está muy integrado en la ciudad, pero, además, el hecho de que fuera municipal durante muchos años, a mí me parece interesante e importante”, por lo que de lucha supuso en una Pamplona donde la derecha no lo puso fácil. “Que sea una institución pública la que nos galardona, en cierta manera es una forma de reconocer que hubo una campaña de odio y de desprestigio, una querella criminal, contra tres personas que lo único que hicimos fue decidir en conciencia realizar abortos dentro de lo que permitía la legalidad” y hacerlo para garantizar “unas condiciones de salud aceptables para las mujeres”. Aquella querella ha seguido coleando 30 años más, los que no se ha permitido en la sanidad pública navarra “que se prestara la atención” y, por ende, el cumplimiento de la ley del aborto.

El ginecólogo Pablo Sánchez-Valverde considera que es “agradable que a uno le reconozcan la trayectoria profesional, pero también político social en cierto modo”. Por eso, lo considera un galardón “muy valiente, porque Andraize es un centro que no deja imparcial a nadie” y porque “premia a algunas personas que sufrimos la persecución por parte de la derecha y la ultraderecha por defender la salud pública y los derechos de las mujeres”. Tenía 40 años, y recuerda cómo los grupos provida, le insultaban por la calle. Hoy, mira para atrás y opina que aquella lucha “mereció la pena”. De la misma forma, Mari Cruz Landa se reafirma en la trayectoria que asumió en aquellos años, y quiso incidir en que “no lo entiendo como un premio personal, sino a todo un colectivo, a todo un grupo de gente que desde hace muchos años está peleando por mejorar un poco la atención a las mujeres, y que puedan tener cumplidos todos sus derechos”.