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Las fuerzas del cambio encaran 9 meses que marcarán el legado de la legislatura

Después de tres años de acuerdos, buscan el equilibrio entre la colaboración institucional y la competencia electoral

Ibai Fernandez - Lunes, 10 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Laura Pérez (Orain Bai-Podemos), Adolfo Araiz (EH Bildu), Koldo Martínez (Geroa Bai) y Marisa de Simón (I-E) firman el acuerdo presupuestario.

Laura Pérez (Orain Bai-Podemos), Adolfo Araiz (EH Bildu), Koldo Martínez (Geroa Bai) y Marisa de Simón (I-E) firman el acuerdo presupuestario. (MIKEL SAIZ)

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Laura Pérez (Orain Bai-Podemos), Adolfo Araiz (EH Bildu), Koldo Martínez (Geroa Bai) y Marisa de Simón (I-E) firman el acuerdo presupuestario.

Pamplona- El Parlamento de Navarra afronta los últimos meses de legislatura con una apretada agenda política. Sobre la mesa, el proyecto de presupuestos del próximo año, una Ley de Policías en repesca y otros proyectos que podrían ver la luz como el nuevo mapa local o las leyes de igualdad, participación o cambio climático, y que pueden completar una producción legislativa de las más nutridas de los últimos años. Con un elevado cumplimiento además de los objetivos iniciales fijados en el acuerdo programático cuatripartito, que era realmente ambicioso. Legado de cuatro años de cambio que ha superado ya tres cuartas partes de mandato sin que los augurios negativos anunciados por la oposición se hayan cumplido, y sin que la cohesión interna se haya resentido pese a las diferencias que en momentos puntuales han vivido las cuatro fuerzas que sostienen al Gobierno.

Entra sin embargo la legislatura en su tramo final. Las elecciones asoman en el horizonte sin una percepción clara de qué será lo que harán los ciudadanos. No se esperan grandes movimientos electorales, pero la escasa diferencia de votos que otorgó la mayoría parlamentaria a la suma de Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e I-E pone en cuarentena cualquier predicción de futuro. También al posible trasvase de voto dentro de los bloques de oposición y Gobierno en los que se ha venido desarrollando la legislatura. El abanico está abierto, y la tensión electoral se deja sentir en los primeros días del curso político.

El escenario es especialmente complejo para las cuatro fuerzas que sostienen al Gobierno, que deben compaginar su apoyo coherente a un acuerdo programático que todavía tiene asuntos en cartera, con la rivalidad electoral después de tres años que han difuminado las diferencias. La batalla política es lógica y legítima, pero no está exenta de riesgos. Las diferencias ensanchan el espacio electoral, pero el enfrentamiento desmoviliza. Y si las heridas son demasiado profundas, tal vez compliquen una reedición cuatripartita si dan los números después de mayo de 2019.

La polémica por el desalojo y posterior reocupación del Palacio Marqués de Rozalejo ha sido la primera disputa del curso. La decisión del Ejecutivo foral de acometer una actuación policial solo ha contado con el apoyo de Geroa Bai, que se ha convertido en diana de las críticas de su socios parlamentarios. Algunas, especialmente duras, se han interpretado en clave electoral en la coalición de Uxue Barkos, que ha replicado con la misma acritud. “Me preocuparía que acabáramos rompiendo puentes”, alertaba ayer en este mismo periódico la propia presidenta.

De poco habrán servido los tres años de cambio si el cuatripartido opta por subestimar los logros para subrayar las diferencias

Una experiencia nuevaNo será el último enfrentamiento entre socios, que también se ha abonado en el Ayuntamiento de Pamplona, sin que al menos de momento se haya resentido el juego de mayorías. Seguramente habrá más conforme se acerque la fecha electoral y crezca la tensión. Un contexto al que se añade la aparición de un nuevo ente político, Orain Bai-Ahora Sí que con Laura Pérez a la cabeza aspira a buscar un hueco diferenciado de inciertas consecuencias.

Queda por delante la negociación presupuestaria, y también una posible comisión de investigación sobre las ayudas de Sodena a Dávalor con la que los tres partidos de la oposición confían en sembrar la sombra de la sospecha sobre el vicepresidente Manu Ayerdi. Pieza clave en la imagen de solvencia económica de Geroa Bai, y que durante la presente legislatura ya ha tenido también sus diferencias con sus socios de Gobierno.

Asoma así en el Parlamento el riesgo de una pinza política, mientras en el Gobierno aflora la tentación de patrimonializar los éxitos de un mandato que no ha sido sencillo, pero que puede exhibir notables resultados en gestión económica, en materia social y normalización lingüística. Más luces que sombras, que sin embargo son difíciles de compartir entre cuatro fuerzas políticas, sobre todo cuando unas gozan de mayor exposición institucional, y otras cuentan con autonomía para eludir la responsabilidad en las cuestiones más espinosas.

En el fondo se trata de una experiencia nueva para todos. Ninguno de los cuatro partidos tenía experiencia de Gobierno en 2015, ni la tiene ahora en la gestión de un final de mandato en el que se solapan la colaboración institucional y competencia electoral. De que los cuatro partidos sepan encontrar el equilibro dependerá paradójicamente el legado que la primera experiencia de cambio real deje en el conjunto de la sociedad navarra. Porque de poco servirán los acuerdos de los tres años anteriores, la estabilidad institucional y la lealtad mostrada si la diputa se impone en el tramo final de la legislatura. Y si se subestiman los logros para subrayar las diferencias.

Muchos otros factores influirán seguramente en el resultado electoral final. La evolución de la efervescente y cambiante situación política en Madrid, la evolución socio-económica y el relato político que haga cada respectiva formación marcarán también el dibujo final de lo que habrá sido la legislatura del cambio. Pero la memoria ciudadana es frágil, y tiende a olvidar en medio del consumo rápido de noticias que se ha instalado en la sociedad tecnológica del siglo XXI. Serán seguramente los próximos nueve meses quienes determinen si la experiencia del cuatripartito deja un legado de éxito o de fracaso. Lo que indirectamente puede acabar determinando también si continúa o no otros cuatro años más al frente de las principales instituciones navarras.