Que el Arga fluya sin barreras

El colectivo Arga Vivo/Arga Bizirik se constituye como contrapunto a la corriente de opinión que pide reparar la presa de Santa Engracia, “incompatible con el respeto y salud para nuestros cauces fluviales”

Un reportaje de Mikel Bernués. Fotografía Unai Beroiz - Lunes, 10 de Septiembre de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Alberto Rodríguez, Mikel Belasko, Dani García y Marta Ruiz, bajo el puente de San Pedro de la Rochapea, un ejemplo saludable del río Arga al margen de su caudal.

Alberto Rodríguez, Mikel Belasko, Dani García y Marta Ruiz, bajo el puente de San Pedro de la Rochapea, un ejemplo saludable del río Arga al margen de su caudal. (UNAI BEROIZ)

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Alberto Rodríguez, Mikel Belasko, Dani García y Marta Ruiz, bajo el puente de San Pedro de la Rochapea, un ejemplo saludable del río Arga al margen de su caudal.

ni se les pasaba por la cabeza que la presa de Santa Engracia de la Rochapea, que reventó el pasado invierno, se pudiera reparar. “Es evidente que lo que se está haciendo es demolerlas, como va a ocurrir por ejemplo con Artikutza”, dice Mikel Belasko. Sin embargo, “parece que por diferentes presiones, y sin comprender al río, se ha creado otro estado de opinión que es el de reconstruir provisionalmente la presa, una solución que no va a dejar contentos ni a unos ni a otros”, añade.

Para combatir esta corriente, “incompatible con el respeto y salud para nuestros cauces fluviales”, 15 personas con inquietudes medioambientales, cada una de su padre y de su madre (historiadores, biólogos, guardas forestales o expertos en patrimonio inmaterial), han impulsado el colectivo Arga Vivo/Arga Bikiliz. “Nos hemos juntado para hacer ver a la población que no existen motivos medioambientales que justifiquen la reparación”, argumenta Daniel García.

“La pregunta que nos hacemos es: ¿en base a qué criterio se ha tomado esta decisión? ¿Ha habido algún tipo de informe técnico que lo aconseje? ¿Cuáles eran sus directrices rectoras? Se nos ocurre que se ha tomado el griterío y movimiento de un único colectivo, poco imparcial y con intereses particulares, para considerar su punto de vista como justificación seria y suficiente”, explica el colectivo en un escrito.

la normativa

Decisión contracorriente

Tirar, no reconstruir

“Esto no es una cosa de cuatro locos. Normativas europeas y estatales, políticas regionales y locales intentan recuperar los ríos desde un punto de vista natural. La estrategia es la de quitar obstáculos. Hay muchas presas que en su día servían para algo, pero que han perdido utilidad”, comenta Daniel.

El Ayuntamiento de Pamplona, en el capítulo destinado a mejoras en espacios públicos de barrios -con un importe total de 725.000 euros- contempla el arreglo de la presa. No hay partida concreta porque está en fase de análisis sobre las condiciones técnicas del “arreglo provisional”, y a expensas además de la autorización por parte del Gobierno de Navarra y de la CHE, tal y como confirmó el concejal delegado Joxe Abaurrea.

Desde el colectivo consideran que la decisión va en contra del criterio del propio Consistorio en su estudio para mejorar el estado ecológico del río Arga, presentado a comienzos de año. “El plan habla de tomar al río como lo que es, un río. Habla de que las crecidas de caudal tienen que ocurrir y que son un proceso natural, y de que muchas de las medidas que se han realizado para paliar inundaciones, han resultado de utilidad nula. En general afirma que tenemos que respetar al río, y no tener miedo a que se desborde. Que haga lo que tenga que hacer”, dicen. “Además, este plan critica la movilidad del río, y apuesta por la eliminación de azudes para dejar pasar los sedimentos, facilitar el desplazamiento de la fauna y evitar el peligro en ciertas inundaciones. Y es más, en este estudio se habla del mal estado de la presa de Santa Engracia y la de la Harinera de Ilundain, y de su utilidad nula. Una ocasión perfecta para comenzar a seguir este plan”.

higiene, caudal y paisaje

Menos agua en verano y más en invierno, lo natural

Estética subjetiva

Cuenta Alberto Rodríguez que “algún vecino de la Rochapea se fija en lo estético del río porque se ven las piedras, sin pensar en si eso es más sano o más perjudicial”. “La gente va a disfrutar más del río si cambia a lo largo del año. En invierno hay mucha agua, en verano poca, se ven gravas... paisajística y visualmente creo que es mucho más bonito”, defiende Marta Rodríguez. “Hablan de que el río está sucio porque tiene piedras, o que se ven los plásticos. Se ven porque se ve el fondo, si antes el agua estaba estancada evidentemente toda la porquería estaba abajo”, añade. “A ver si el hecho de que se vea más, nos ayuda a mejorar”, considera.

“La presunta aportación de las presas a la higiene y la salud del río es un argumento fácilmente desmontable”, concreta el colectivo. “No baja menos agua porque no está la presa, sino porque no baja de aguas arriba. Que en verano quede un pequeño hilo de agua no deja de ser un proceso natural por el que no nos tenemos que preocupar. El río es un elemento vivo que fluctúa a lo largo del año y que funciona muy bien como ecosistema, aunque nos pueda parecer lo contrario. La rotura de la presa permite el transporte de sedimentos, que el río divague, erosionando y depositando, generando nuevos hábitats donde lo necesite”.

Defienden que las presas no favorecen, sino todo lo contrario, la salubridad. Con el agua embalsada la superficie se calienta mucho y el fondo menos, “y hay un momento en el que no hay intercambio de oxígeno, no llega abajo”. Su ausencia favorece los procesos de fermentación y la proliferación de gases tóxicos como amoniaco, metano, monóxido y dióxido de carbono, o sulfhídrico. “Un río que transcurre en rápidos, pequeños remansos, otra vez un rápido... facilita que por sí mismo se vaya depurando”, exponen.

fauna

Grave impacto sobre las especies autóctonas

Peces de valor único

Arga Vivo/Arga Bizirik no quiere dejar de lado “el grave impacto sobre la fauna autóctona del río” que suponen las presas. Y explican que quienes apuestan por su reconstrucción “parecen desconocer la importancia de los ciprínidos autóctonos (barbo, madrilla…), menospreciando su valor cuando, por ser endémicos de la cuenca del río Ebro, son los que dan un valor único a los ríos que la integran. La próxima vez que veamos un barbo, una chipa o una madrilla, deberíamos pensar que son peces únicos en el mundo”.

“Hay un capítulo de alusiones a peces alóctonos invasores, especialmente al pez gato. Es un grupo al que podemos añadir alburnos, carpas y black bass, a los que se ensalza como objetivos de pesca deportiva, omitiendo que proceden de otros ríos, algunos muy lejanos, incluso de otros continentes. Fueron importados activamente por el ser humano con un impacto muy negativo sobre la fauna y flora locales. Son peces oportunistas, que soportan, toleran e incluso necesitan los remansos producidos por las presas y sus condiciones de calor y pobreza de oxígeno para sobrevivir, expulsando a los genuinos pobladores. Sumamos otros elementos de fauna alóctona como los galápagos americanos, que tienen en estas presas sus puntos fuertes de instalación, contribuyendo a su expansión y por tanto a la desaparición de galápagos y anfibios autóctonos”.

“Una prueba del efecto barrera de la presa eran las frezas de barbos aguas abajo de la misma, frezas que este año no han tenido lugar. Sencillamente, antes se tuvieron que conformar por no poder llegar a aguas más altas, más idóneas para ello, mientras que en esta ocasión les apareció la oportunidad de intentar buscar algo más acorde a sus necesidades”.

flora

Un paisaje “menos rígido”

El bosque de galería

“Las presas provocan la aparición de un paisaje vegetal más rígido y estable en el tiempo y de mucha menor riqueza en especies. Al desaparecer la presa, el bosque de galería podrá cerrarse como en los tramos no embalsados cercanos. Creará más sombra, lo que se traducirá en un menor calentamiento del agua. Bosque de galería beneficioso para especies emblemáticas como la nutria y el amenazadísimo visón europeo, una joya en gravísimo peligro de extinción que cuenta en Navarra uno de sus últimos bastiones”, defienden.

“Sería ideal tener sauces en las orillas, acompañados por chopos, álamos, alisos y fresnos, y una franja arbustiva con boneteros, saucos, patxaranes, manzanicas de pastor, y vegetación variada a lo largo de isletas y zonas pedregosas como zarzamoras o rosales silvestres, donde encontraríamos desde pequeños insectos, mariposas y abejas, hasta un buen número de pajarillos, y los mamíferos citados. El resultado de tanta presa en Pamplona es que, paradójicamente, un tramo que debería proporcionar gran riqueza de vida vegetal, se queda solo en unos pocos retazos”.

historia y usos

¿Presa medieval?

Buscar alternativas

Otro argumento para reconstruir la presa es apelar a su “presunto” valor histórico. “Parece que la actual es de las postrimerías del siglo XIX, y seguramente recicló materiales de alguna anterior. La famosa que hace referencia a tiempos pretéritos se mantiene, si fuera el caso, en unas estructuras de madera sumergidas por la actual y ahora al descubierto. Seguramente, de la que se construyó en el siglo XIII sólo queden las crónicas”, dicen. En cualquier caso, consideran que la función histórica es compatible con su no recuperación y el mantenimiento de su estado actual, “ya que la conservación de los estribos puede ser interesante por su valor cultural y para la dinámica fluvial”, expresan.

Recalcan para finalizar que “no tenemos nada en contra de los colectivos que pretenden recuperar la presa, pero por una vez tenemos que respetar y acatar lo que dice la naturaleza. Animamos a estos colectivos, al Ayuntamiento, al Gobierno y a la ciudadanía en general a buscar alternativas en otros tramos”.